viernes, 5 de abril de 2019

LA CARA OCULTA DE LA LUNA



LA CARA OCULTA DE LA LUNA

Ana María Alcaraz Roca
Editorial Pluma Verde, 2019



El mundo de la infancia es lunar y, como tal, está construido por la magia, esto es, por unos esquemas de pensamiento que son alógicos, tremendamente simbólicos y que significan el mundo como una totalidad donde cualquier cosa es posible, pues en él se hace efectiva la interrelación entre lo imaginario y lo real; la voluntad del niño se evade de la causalidad de hierro que concatena los acontecimientos y crea posibilidades de sentido, propugna hechos, conexiones y convicciones, que, si inverosímiles para el adulto, no se evaden a las íntimas convicciones del infante. Hay en esta actitud una desmedida integridad: el niño es inocente, y, por inocente, es puro. Sin embargo, tal inocencia pronto se verá defraudada por el engaño.

La luna efunde una luz prestada, por eso, tal luz es fantasmagórica y equívoca; ilumina el mundo, pero en ese mundo se agazapan no pocas añagazas entre las difusas sombras. La inocencia del niño le protege de determinados males, le amortigua la crudeza con que tantas veces se muestra la vida, pero tal protección, conforme deambula por paisajes muchas veces inhóspitos paulatinamente va desmoronándose. El niño comienza a exigir respuestas claras a sus demandas, quiere aventar las sombras y las dudas que poco a poco le van habitando y terminan por confundirle. Las cosas no eran como él pensaba, máxime si el adulto las disfraza con una verdad impostada. La luna muestra una faz, pero tal faz es engañosa; posee otra cara, y en el niño crece tal certeza: posee la luna una cara oculta que no muestra nunca. El niño entonces, al percibir tal impostura, siente perplejidad.

Una niña, Ana María Alcaraz Roca, nos abre su alma y nos cuenta sus vivencias, que no por suyas dejan de ser paradigmáticas. Nos habla del paso de ese mundo lunar de resonancias mágicas, a otro mundo, el solar, donde los objetos o vivencias vienen definidos por contornos precisos, rotundos. En los poemas que componen La cara oculta de la luna aparecerá esa tensión entre lo engañoso y lo real, entre la magia que cubre y encubre la infancia y la objetividad del mundo del adulto, entre lo imaginario o alógico y lo causal, entre lo simbólico y lo conceptual. Por eso muchos poemas parten de la vivencia de un hecho por parte de Ana María niña y se deslizan hasta alcanzar la forma conclusiva de una desvelación, cuando el engaño haya sido puesto de manifiesto ante la nueva mirada de Ana María adulta.

No se hurta la ternura en tal proceso, ni la mirada condescendiente, ni a veces la sutil ironía. Ana María gasta amabilidad ante los adultos engañosos, nunca reproche; al fin y al cabo los adultos también tienen sus prisiones y no pocas veces estas prisiones aluden a una precariedad material. En este sentido, me gusta especialmente el poema que lleva por título La Muñeca, en cuyo inicio ya se nos advierte: Eran aquellos años pródigos/en penurias e infortunios. Tal muñeca, que encanta a la niña, aparece una mañana de Reyes, pero, dotada de la magia de los objetos, entrado el verano va desaparece… Tal vez el “Tío del Saco”/se la hubiese llevado a su guarida… Lo curioso resulta cuando un nuevo seis de enero vuelve a aparecer, aunque con un vestido diferente.

Temerosa, la niña se entera de que los tres enemigos del hombre son el demonio, el mundo y la carne, por tal razón, y para no pecar, se negará a comer carne en lo sucesivo. El aljibe que diligentemente limpia el abuelo, esconderá un extraño y blanquinoso monstruo; a un viejo molino destartalado, al contemplar sus rotas alas desflecadas,/desterradas de los besos insomnes de la luna, le insuflará el alma en su día deshabitada. Un cofre, cargado de años y recuerdos, con los tesoros que transitan de generación en generación, donde la abuela guarda las sábanas bordadas con esmero/a punto de festón o con vainicas/que consumieron muchas de sus horas/ante la luz caduca de un quinqué, le hace evocar  esa antiguas manos como ramas de un almendro, la presencia adherida a los enigmas que custodia. Un cofre, unas fotografías, unas conchas, misterios que evocan la persistencia de los objetos frente al paso efímero de la existencia humana. Ellos, los objetos, quedan; los ancestros, lo que fue, permanecen en cuanto huellas de la dulce nostalgia del recuerdo que los evoca desde el tiempo de la niñez tan definitivamente ido.


Muchos son los poemas que pivotan entre un determinado engaño que albergaba la infancia y, tras la anécdota relatada, concluyen con un rapto de racionalidad y una moraleja que supone casi una advertencia para futuros navegantes; porque los espejismos de la luna, en última instancia, pese a lo que un observador poco avisado pudiera pensar, terminan por fraguar en Ana María un carácter rebelde y tremendamente asertivo. Es la sana reacción ante tantas absurdas líneas Maginot, ineficientes en sí mismas, tal y como lo fue la original, que intentan delimitar lo posible de lo imposible, el espejismo dado como veraz de la realidad entendida como ilusoria, y en el fondo no suponen sino un límite a la propia libertad y al ser. Muy ilustrativo me parece el poema que lleva por título La Raya Azul. La autora concluye de este modo dicho poema:

Por eso ahora,
con la irreverencia que me han prestado
los muchos años consumidos,
no hay rayas azules que no traspase
y, ay, del que ose siquiera dibujarlas.

Dentro de la complejidad del poemario, el cual me llevaría tiempo deslindarlo, quiero subrayar tan solo, como bien corresponde a una reseña, otra línea de sentido que me parece importantísima. No es sino el enfrentamiento de la autora con la muerte (tema este, por otra parte, que traspasa la totalidad de su obra escrita); muerte que, desde el mismo inicio de La cara oculta de la luna está agazapada entre sus páginas y se mostrará de manera más o menos patente, algo que no resulta extraño si pensamos que la evocación forma parte de la sustancia del poemario. La luna es la pálida del cielo, y su luz fría es trasunto de la muerte y de los muertos. El poemario se enmarca entre dos citas significativas: en su inicio, la de García Lorca, que nos muestra el rapto que hace la luna de un niño, al que lleva de la mano por los cielos, y, antes del magnífico poema Velas con que termina, otra de Kavafis; en medio, una sucesión de motivos a modo de tablillas que evocan el remoto pasado desaparecido en los esteros del tiempo, polvo apenas del recuerdo en los ojos de una niña.

Son tremendos los poemas Misina, La muerte de mi abuela, Dudas (por este orden). En ellos la certeza de la muerte avanza, desde su primer e inopinado contacto con la niña, al llevarse desesperanzadamente a su primera amiga de pelaje blanco y negro, hasta el duelo y dolor que le producirá la extinción de los abuelos: en primer lugar, la de la abuela, acuciada por el dolor insoportable de una terrible enfermedad; en segundo, la del abuelo, querido y casi idolatrado por la niña, cuyo presagio tomará la forma, silenciosa y dramática, de una personificación. Cito el final de Misina:

Recuerdo con dolor
el amado tacto de mi amiga
que adquiría la yerta textura de las aguas.
Velé, entre caricias, su agonía,
arena y lágrimas.
El cielo de febrero, bondadoso,
colocó todo su azul
en la vidriosa geografía
de sus pupilas asombradas
y en las mías todo el espanto
de la contemplación primera
de la terrible cara de la muerte.

La luna tiene una faz oculta, y esta no siempre es amable… Aun así, la única patria que tenemos es la infancia, pues para responder a lo que ahora somos irremediablemente debemos preguntarle y encarar un diálogo con ella. Esto lo sabe muy bien Ana María Alcaraz Roca. Quizá sea esta la razón por la cual el poemario, al contemplar o vivenciar los de la autora, no solo remueve en el lector adulto emotivos recuerdos, sino que adquiere un trasfondo metafísico de inquisición y búsqueda del sentido de la propia vida. Impresiona de estas evocaciones que todas ellas, por su carga de significado, son dignas de una segunda memoria, de tal forma que suponen puentes tendidos entre cualquier lector-contemplador y Ana María. Y aquí lo dejo.


Resalto, por último, la dedicatoria de La cara oculta de la luna. Ana María dedica el poemario a un ser muy querido y muy pequeño todavía, a un ser con una gran promesa de futuro: me refiero a Ariadne, su primera y, hasta la fecha, única nieta.  Veo en este gesto un evidente guiño. Otra infancia, nueva y por consumir, recibirá un precioso legado como un ariete contra el olvido y contra la muerte, cargado de la experiencia, y de la consiguiente sabiduría, de una abuela que ha vivido.

                                   Jesús Cánovas Martínez©
                                   Filósofo y poeta.
                                   Ad astra per aspera.



domingo, 24 de marzo de 2019

FUERA DEL CALDERO DEL DIABLO


FUERA DEL CALDERO DEL DIABLO
(UN VIAJE DE LAS TINIEBLAS A LA LUZ)
JOHN RAMÍREZ
HEAVEN AND EARTH



     Quizá cuando una familia emigra de Puerto Rico a Estados Unidos no encuentre la prosperidad y el bienestar que buscaba. Puede ser que su destino sea un barrio marginal de una gran ciudad donde la vida de sus miembros se convertirá literalmente en un infierno. Y esto mismo es lo que nos relata John Ramírez en Fuera del Caldero del Diablo, obra escrita en un estilo directo pero altamente sugestivo. Porque John Ramírez, hijo de emigrantes puertorriqueños, no solo nos contará la dureza de la vida en el Bronx, sino que añadirá algo inquietante: su trato con la Santería, el Espiritismo, y, finalmente, con el Palo Mayombe, la práctica más perniciosa de una mal llamada religión.
     Un padre adorador del diablo que se desentiende de su mujer y sus cuatro hijos; al poco dinero que aporta a la familia suma sus grandes ausencias, ya que está ocupado en cortejar mujeres y beber de bar en bar. La familia apenas subsiste con ayudas sociales, pero pasan hambre y frío, puesto que carecen de lo más elemental para sobrevivir, y cuando el padre aparece hay tunda para la mujer y los hijos. John es el mayor de los cuatro hermanos y pronto desarrollará un odio cerval contra el padre, por eso se alegrará cuando a este le vuelen la cabeza de un disparo a la salida de un bar.
       Es lo que hay en el Bronx: dureza, drogas, impiedad. Y tanto es así que una diversión de los vecinos consiste en contemplar desde las ventanas de sus pisos como las bandas rivales pelean entre sí y se ajustan las cuentas; después de estas peleas algunos no se levantarán del suelo. Los asesinatos están a la orden del día y suceden en plena calle; la policía apenas interviene, y cuando lo hace, es de manera meramente protocolaria.
        Una tía de John, hermana de su padre, lo inicia en la Santería a la edad de diez años. Descubre John un submundo en el que están implicados individuos de la más diversa índole y extracción social: abogados, jueces, policías, comerciantes, periodistas, políticos… Aun con miedo, John queda fascinado por las posibilidades que le ofrece la Santería. Con los años irá ganando poder y estatus; el precio, vender su alma a Satanás (a quién llamará papá) y convertirse en su servidor.
      Guiado por brujos de alto rango, comienza a conocer John ese mundo de los espíritus malignos, sus nombres y las funciones que cumplen. Conoce los principados que gobiernan las diversas regiones de la tierra y los diversos espíritus que causan daño de múltiples maneras. Por medio de la intermediación de determinados rituales de magia roja y negra, fundamentalmente, aprende a operar en el mundo intermedio para causar daño en el mundo material. Trabaja por encargo y por dinero, y no rehúye realizar maleficios de muerte. Conforme crece su prestigio y su poder, crece su odio; odio que dirige fundamentalmente contra los cristianos. En este sentido, cuenta cómo llega a realizar gratis maleficios de muerte contra estos, aunque, paradójicamente y para sorpresa de él, algunos no dan el resultado previsto.
         Es de agradecer que John Ramírez no se detenga en los ritos de la magia (la utilización de ese temible caldero, instrumento por antonomasia, en cuyo interior hay huesos humanos y sangre sacrificial), aunque de refilón cuenta cómo los santeros saltan las tapias de los cementerios para captar las almas de los recién fallecidos o cómo merodean por los tanatorios con el mismo fin. Ciertamente son prácticas macabras, pero atienden al propósito de ganar almas para el diablo. Otro modo como lo consiguen es fascinando a la gente con determinadas mancias, ocasión para revelarles el estado de sus vidas y mostrarles un previsible futuro. Todo vale si se trata de apartar a las gentes de Dios y ganarlas para el diablo.
      Conseguido por méritos propios un puesto elevado en la Santería (la cual tiene un orden jerárquico y una organización parecida a la de un ejército), ahíto de prestigio y poder, en una situación en la que no le escasea el dinero ni las mujeres, ni los bares ni los coches lujosos (le tienen miedo y respeto, su presencia impone), a John Ramírez todavía le falta algo, y quizá sea lo más importante. John no es feliz, su vida personal es un fracaso. Ha perdido a su mujer y a su hija, y siente un gran vacío interior. Se da cuenta de que hace lo mismo que su padre hacía, a quien tanto odiaba. Quizá con un resto de lucidez, indudablemente tocado por la gracia, intenta dejar ese mundo y comprueba que no puede. Será castigado incluso con un año de ceguera. Consciencia que no es libre y su interior se escinde. No puede escapar pero lo desea. La sensación que experimenta es la de estar atrapado por barrotes invisibles. Se angustia.
       No voy a entrar a deslindar el arduo proceso que lleva a John a caminar desde las tinieblas hacia la luz. Sí diré que es dramático y pasa por una visión del infierno. John no escapa tampoco a los ataques de los demonios y de sus antiguos correligionarios, pues cualquier deserción o desvío de la Santería o el Palo Mayombe se paga con la muerte.
      Por una serie de circunstancias John visita una iglesia evangélica; allí es poseído por los demonios y se produce una escena dantesca. Pero John insiste en las visitas a la iglesia porque resulta un reto para él echar un pulso a los cristianos y a ese tal Jesús. Tal pulso termina con su bautismo y conversión. A partir de ese momento John Ramírez se convierte en un servidor de Jesucristo y en un predicador del Evangelio.


          Hay personas que habitan en un sueño extraño. O no se enteran o no quieren enterarse, mientras sufren los embates del mal y caminan hacia la muerte, de que el mundo sensible tiene algo de espejismo y es otra realidad la que acecha tras la trastienda de las apariencias. Ponderar testimonios como el de John Ramírez a estas personas les puede llevar a cierto despertar. A mí me resulta muy chocante que personas con formación intelectual y con criterio todavía sigan enclaustradas en las concepciones de un burdo materialismo. Hace cuarenta o cincuenta años la “solidificación” del mundo todavía podía hacer comprensibles este tipo de posturas; pero hoy en día intelectualmente resulta imposible mantenerlas porque el mundo en que vivimos se ha “licuado”, siguiendo la metáfora de Zygmunt Bauman, y no solo en cuanto a instituciones y estructuras sociales o, si a cambios psicológicos se refiere, en cuanto a la asunción sin mayores complicaciones por grandes masas de población de la posverdad, sino, lo que resulta aún más grave, por la pérdida de todo asidero o protección con respecto a las fuerzas disolutorias.
        Que el ciego siga en su ceguera, pero recuerdo que hace años René Guenón advertía de las fisuras en La Gran Muralla; si en los albores del Kali Yuga eran reparables con cierta facilidad, no sucede así en esta época de fin de ciclo que nos ha tocado vivir, ya que el materialismo ha creado una capa que impide el influjo de las influencias benéficas, mientras que, como contrapartida, se abren las brechas por donde penetran las influencias demoníacas. Es así que “la licuación” del mundo únicamente atañe a las protecciones contra la influencia de lo bajo, y tal circunstancia se agrava porque las organizaciones de orden espiritual cuyo cometido, por lo menos en parte, era la defensa, se repliegan sobre sí mismas. El viaje de John Ramírez desde las tinieblas a la luz, me lleva a considerar que La Gran Muralla tiene lienzos derruidos y parte de sus bastiones han sido tomados, pero, aun así, cabe la esperanza, porque sigue resistiendo los embates del mal.

     Si quieres ver un documental en el que John Ramírez habla de sus experiencias, pincha aquí:Documental sobre John Ramírez

                          Jesús Cánovas Martínez©
                          Ad astra per aspera.

domingo, 3 de junio de 2018

PRESENTACIÓN DE AIRES DEL SUR (TERCERA TANDA)

PRESENTACIÓN DE AIRES DEL SUR (TERCERA TANDA)
EXPO-LIBRO, 1 DE JUNIO 2018, 7,30 DE LA TARDE.

A CARGO DE MARÍA MAGDALENA CÁNOVAS MARTÍNEZ



Muy buenas tardes queridos amigos. Amigos porque ya nos conocemos algún tiempo, sobre todo en las presentaciones de las dos tandas anteriores de la serie Aires del Sur. Y queridos porque son ustedes incansables reincidentes y esto tiene un nombre: “amistad y querencia hacia el autor”



No voy a repetir las bondades de la escritura de Jesús Cánovas, mi querido hermano. Todos ustedes, los que lo han leído y repiten las conocen: su cruda  ironía caustica. La buena y sana ironía del que se ríe de sí mismo, de las circunstancias,  de la vida misma, de lo humano, aunque no ciertamente de lo divino. La ironía tremenda que hace escarnio de las debilidades de nuestra especie.   Sobre todo en esta tercera tanda de Aires del sur, donde la ironía se hace sutil, se vuelca sobre sí misma para reflexionar sobre ese ello profundo y misterioso que contiene la semilla de nuestra grandeza y también de nuestra ruindad.  Donde se esconden  al acecho las pasiones más bajas y también las nobles, como diría el gran Platón, aquellas  que nos hacen seres irracionales y las que nos llevan traspasar los límites de lo que somos y nos convierten  en el Animal Divino del que habla nuestro insigne filósofo del Materialismo Crítico Gustavo Bueno. No vivimos siendo, sino queriendo ser, vivimos siempre en camino hacia una meta  idealizada,  en camino de algo que se desea.

Por si hubiera entre nosotros alguien que no conoce a Jesús Cánovas, diré brevemente que tiene publicados 12 libros, 7 de poesía: A la Desnuda Vida Creciente de la Nada, del que tiene dos ediciones en Betania, Madrid, en el 1989 y en 1991 una segunda edición; Kirye Eleison, en Madrid Betania en el 1994; Estridularia, Murcia, Mirtya, 1999; La Luz Herida, Lorca, (Murcia) Espartaria 1999; Fanal de la Aventura, Águilas (Murcia) Hipocampo, 2000; Trasluminaciones y presencias, Murcia, Editora Regional, 2005; y, Otra vez la Luz, palomas, La sierpe y el Laúd (Colección Acanto), Cieza (Murcia) 2015; tiene publicados cinco libros de narrativa: Dulcísimas hebras de oro, (relatos), Murcia, Ediciones Tres Fronteras 2009; El Quinto Camino (Novela), Murcia Ediciones Tres Fronteras, 2016; Aires del Sur(primera tanda), (relatos), Murcia, Diego Marín Librero-Editor, 2017; Aires del Sur (segunda tanda) , (relatos), Murcia, Diego Marín Librero-Editor, 2017; y  Aires del Sur (tercera tanda) el libro que estamos presentando, publicado en Murcia, Diego Marín Librero-Editor, 2018. De las Revistas y Antologías que son muy numerosas no voy a decir nada.



Jesús con esta forma suya tan personal de escritura es capaz de aunar en un mismo párrafo, “nombres en “ico” y después transcribir un latinismo alquimista …su humor nace del aliento popular de la región, sus personajes son propiamente berlanguianos autóctonos, pícaros rurales y astutos lenguaraces”, a decir del crítico literario Antonio Ortega, al que le agradecemos su certera glosa.


Las peripecias vividas por estas gentes que desconocen sus límites y  se mueven escindidos, sufrientes y patéticos por los aledaños del esperpento, representan comportamientos arquetípicos surgidos del análisis filosófico-psicológico de las características humanas.








Aires del Sur (tercera tanda), está compuesto por cuatro relatos, “De Amicitia”, “Vida”, “Una experiencia paranormal”, y finalmente: “Diálogo hacia el final de la filosofía”.

De los cuatro libros o tandas, que componen la saga de Aires del Sur, ésta tercera entrega podemos decir  que es la que más se deleita en los abismos psicológicos de los personajes, algunos de los cuales rayan en la locura y el delirio, siendo muchos de ellos transversales en toda la saga de relatos: Grulí Mochuelar o Miguel Cagarrutio entre otros; así como los temas: La vida, la amistad,  sentido religioso, el hombre y la muerte. Todos ellos son temas de los que si realmente hiciéramos una profunda reflexión, seguramente nuestra vida sería quizá más feliz o simplemente distinta. La felicidad no está en las cosas sino en nosotros mismos en dialéctica con lo ilimitado, precisamente por nuestras limitaciones.

En estos relatos se entremezcla el análisis psicológico con la ironía de las situaciones cotidianas, haciendo que desde lo trágico surja la sonrisa profunda, sino la carcajada de nuestra propia pateticidad. Somos seres patéticos  y endiosados que nos sentimos libres cuando hacemos alguna maldad. En la naturaleza somos un forúnculo, y dentro la especie nuestro individualismo nos lleva a la propia extinción. Como individuos somos tan poca cosa frente a la naturaleza que estamos abocados a la tribu o sociedad como quieran llamarla. Pero eso sí, una tribu con identidad. La identidad es lo que nos hace únicos e importantes. Da mucho prestigio inventarse una identidad y pertenecer a ella; ya sea un grupo de senderismo, o literario, o una sociedad secreta, a voces claro, porque si no sabe nadie que pertenecemos a ella no tiene ninguna gracia.

El primer  relato, “De Amicitia”  habla de la amistad como necesidad humana. El protagonista que curiosamente se llama como el autor, hace un certero análisis fenomenológico del poeta “mediocre” representado como el Gnomo Sodomita, también conocido como el Detritus, al que hay que sumarle el arquetípico Trepario Retrepa o El poeta señorito, enfocándolos  desde el mundo literario. Rescata en este relato a Leopoldo, el amigo, el poeta, al que honran con el alboroque, práctica tradicional de este nuestro sureste cuando un amigo muere. 

Destacando  de esta forma la buena poesía de la mediocridad poética donde encontramos personajes tipo, como Miguel Cagarrutio, Excrementinis o Sarasates cualquiera entre otros no menos sarcásticos.

Las reflexiones del protagonista se suceden al hilo  de una cena típica de verano con amigos, bajo un hermoso cielo nocturno y la luna en su plenitud circundante. Describe con maestría y detalle un entorno bellísimo  cercano a  Cabo de Palos,  del que relata las peculiaridades  de sus montes y colinas, se recrea en la flora  y en los detalles mínimos de tal forma que el lector puede ubicarse con total precisión y gozar del lugar idílico.

Esta cena  nos recuerda  las comidas y cenas a las que Sócrates asistía como invitado de anfitriones  insignes y prestigiosos. En las cuales se discutían las cuestiones y temas candentes de la sociedad de aquella época, y, todo hay que decirlo, no se diferenciaban mucho de la temática de nuestra actualidad. La tertulia de la cena invita al lector a participar en la conversación; el lector se siente  como un contertulio más que tiene algo que decir en la sobremesa.

––¿Qué piensas de la amistad?
––¿Escribimos para ser reconocidos Jesús? ¿Por qué escribes?
––¿Cómo sería nuestra vida sin amigos? ¿Distingues entre amigos y conocidos?










––En el relato titulado “Vida” (Dedicado por cierto a una persona muy querida para ambos). El loco  pretende ser Dios.
––¿Qué piensas sobre la muerte?
––¿Es posible volver de la muerte?
––¿Por qué ese empeño a partir de Nietzsche en matar a Dios ?



“Una experiencia paranormal”,  es una hipérbole que se repite, leo literalmente:

 “Se suceden los días idénticos, uno detrás de otro; siempre idénticos. Aparece el valor rutinario de todo, el sentido fatuo de lo cotidiano, el desplazarse de acontecimientos y cosas para siempre decir lo mismo, para no decir nada… Me pesa esta rutina silenciosa, este túnel por el que he entrado y del que no vislumbro ninguna salida; todo es oscuridad aquí, muerte.”
Otro párrafo:

“Me levanto con Platón y me acuesto con Platón; Platón, Platón, Platón... Hay que repetirlo para que no se olvide, repetir a Platón, Platón, Platón... para que se fije en la memoria,… Mis clases consisten en la repetición de la muerte.
He vendido mi alma por unas pocas monedas, para, invariablemente, encontrar finalmente la melancolía… para darme de bruces con este ánimo sosegado desde el que contemplo el tránsito de las sombras, esas sombras que transitan por el mundo; mundo que es el conjunto de todas las sombras en tránsito, las sombras, las sombras que me hacen inmune y me insensibilizan al dolor”…

Experiencia paranormal es un  relato delicioso y clarificante que al hilo cartesiano de una clase de filosofía, sui generis (como suelen ser estas clases)  el profesor nos va  introduciendo en mundos posibles y nos relata las aventuras vividas junto al Pater Augustus, entre ellas una experiencia paranormal. Además constata cómo los mundos virtuales que están tan de moda en la actualidad  hace ya unos 2500 años Aristóteles  tenía una idea muy clara de ellos, de la “virtualidad”.
Si tenemos profesores entre el público enseguida reconocerán las características y vicisitudes de una clase.


––¿Sólo existe lo que vemos, tocamos y contamos? ¿Existen ad intra o ad extra nuestra realidades distintas?
––¿Acláranos una de las ideas que bullen en este diálogo, la educación actual nos convierte en sombras? ¿En seres oscuros? ¿en copias?









Esperpéntico y terrible el Diálogo hacia el final de la filosofía.  Este relato transcurre en una biblioteca infernal. Es un relato reflexivo a la par que delirante, leo literalmente:

Contemplo mi reflejo en uno de los grandes ventanales que dan a la noche. Un individuo de mediana edad, enfundado en una bata de cachemir, calza pantuflas azules de talón bajo; se halla sentado en un sillón barroco, de caoba y tafetán negro, estilo Luis XVI. Me mira estúpidamente. Su cara es vulgar, demacrada, encubierta por una barba poco cuidada que comienza a canear; como rasgo sobresaliente cabe señalar las dos bolsas que hay bajo sus pequeños ojos grises, ya que denotan una posible afición al alcohol. Ese individuo es chato, como si un puñetazo le hubiera hundido la nariz. Continuamente ha buscado enfrentarse consigo mismo, pero siempre ha terminado derrotado en el intento. ¿Cómo no podría dejar de serlo? Ha reducido y eliminado al máximo los estímulos externos que le distraen con el fin de ganar la transparencia de su ser, pero ha pagado un precio en exceso alto por tener una mente ágil y clara; un precio que no desea a las buenas gentes que se dejan llevar por comportamientos meramente mecánicos. Al contrastarse tan solo con las mínimas eventualidades que se pueden necesitar para la vida, con una reducción drástica de apremios, ha sondeado su propio abismo. Y ha sentido vértigo.

¿Por qué será que mienten los espejos?, se pregunta ese hombre extraño. Sus tersas láminas de cristal bajo el azogue no tienen fondo; únicamente son superficies pulimentadas que devuelven las imágenes, rotas, desfiguradas: fragmentos rotos de una identidad rota. Fragmentos… fragmentos… trozos de lo que ha sido o de lo que es, trozos en los cuales él apenas si se recuerda. Trozos rotos de sí que le llegan a la memoria, que reconoce y sospecha tienen algún significado, algo, trozos rotos que pululan y giran. Sabe que estos trozos también ansían, ellos como él, como él que no es sino fragmento, trozo o trazo de un enigmático e inmenso puzzle que enlaza todo lo que existe, no desaparecer, no anegarse, definitivos, en la nada”.


Aires del Sur (tercera tanda), tiene un magnífica portada conceptual que simboliza la biblioteca infernal, de ahí su color rojo fuego y el personaje frente a frente en un diálogo maldito. Enhorabuena a sus autores Daniel Plana y Antonio Campuzano por captar de una forma tan artística la esencia del relato.


Últimas preguntas:

––¿La locura es patrimonio de unos pocos afortunados o está en  la mayoría de las mentes?
––¿Hay algún loco que sea consciente de su locura?  Porque, ni locos ni cuerdos admiten serlo. ¿Dónde está la línea que los separa? ¿Quién tiene autoridad para señalar al loco del que no lo es? ¿Debemos fiarnos de los psicólos en este tema de la locura?
––¿Estaremos locos todos?
––¿La envidia, el odio, el resentimiento… nos pueden llevar a la locura?

Resta dar las gracias a los asistentes a Diego Marín, y al autor de Aires del Sur Jesús Cánovas que han hecho posible entre todos este acto.







Me resta pedir perdón a los que estuvieron y no están en las fotos, tema este ajeno a mi voluntad.


PUNTOS DE VENTA DE LAS DIVERSAS TANDAS AIRES DEL SUR:

EN MURCIA

 Las cuatro librerías de DIEGO MARÍN en Murcia:
                                   EXPO-LIBRO, Merced, 25, Murcia
                                   GONZÁLEZ PALENCIA, Merced, 25, Murcia
                                   ANTAÑO LIBROS, Puente Nuevo, 9, Murcia
                                   CENTRO DEL LIBRO EL TIRO,
Junto al Campus Universitario de Espinardo. Polígono El Tiro (parcela 78)

También se puede pedir por Internet a la Librería Diego Marín:

Libros de Jesús Cánovas Martínez (Catálogo Diego Marín)

           
Librería RAMÓN JIMÉNEZ, Salzillo, s/n, Soportales de la Catedral, Murcia.
            
EN CARTAGENA:

Librería LA MONTAÑA MÁGICA, Pintor Balaca, 34, Cartagena (Murcia)
            
EN ÁGUILAS:

Librería MANUEL GRIS, Conde de Aranda, 6, Águilas (Murcia).

EN LOS BELONES (CARTAGENA-LA MANGA):

Papelería YOYES

Si alguien desea algún ejemplar de AIRES DEL SUR de  cualquiera de estas tandas, firmado y dedicado, siempre puede ponerse en contacto conmigo, por chat o whatsapp, o en E-mail: mochuelagul@gmail.com





Ad astra per aspera.