domingo, 7 de agosto de 2016

LOS CHAVOS

LOS CHAVOS


El tío Chavo y Bernardina Aguilera

Fue un casamiento feliz el de José Martínez Cano, El tío Chavo, electricista cualificado que vivió a caballo entre finales del siglo XIX y primera mitad del XX, con Bernardina Aguilera Martínez, La Bernardina, una moratallera de alcurnia pero venida a menos que, por dicho casamiento, se convirtió en la abeja madre de los futuribles Chavos; de esta unión nacieron tres robustas hembras, en orden de mayor a menor edad: Dolores (La Lola), Milagros (La Milagros) y María (La María), las abuelas que dieron lugar a las tres líneas de la saga de Los Chavos.
La abuela Dolores, desencadenante de la primera línea de las filiaciones Chavas

 Dolores, La Lola, la hija mayor del tío Chavo y abuela del que esto escribe, casó con Jesús Cánovas, y tal unión fue fructífera ya que les nacieron tres hijos, sanos y dispuestos a dar guerra: Jesús, mi padre, nieto mayor del tío Chavo, y mis dos tíos: Fina y Paco. Jesús casó con Magdalena Martínez, mi madre, y de su unión nacieron, de mayor a menor edad: Magdalena (La Nena), Jesús (el servidor, conocido como El Jesús, El Jesules o El Jesusico, según sea el caso) y José Francisco (El Jose). Estos bisnietos del tío Chavo casaron a su vez con respectivos cónyuges. Magdalena enlazó con Antonio Campuzano, y de su unión nacieron: Magdalenita, Rocío, Laura y Antonio. Magdalenita casó con Álvaro Botía, pero hasta la fecha el matrimonio no ha tenido hijos. Rocío, casó con Nacho Fernández y han tenido a Miguelito y Rociíto; a su vez, Laura, de su matrimonio con Antonio Moreno, ha tenido a Laurita y Patri. Mi ahijado, Antonio, El Crío, como normalmente se le conoce, luego de pasar por diferentes noviazgos parece que está en condiciones de sentar cabeza, pero aún no la ha sentado y, consiguientemente, no tiene descendencia; sus padres esperan con ansiedad que su novia Rosa Ana Bernal lo meta en cintura. Siguiendo el orden genealógico, el segundo hijo del matrimonio de Jesús con Magdalena es el servidor como ya ha quedado dicho, por lo que me corresponde hablar de mi descendencia. El servidor casó con Mª José, también bisnieta del tío Chavo como ahora especificaré, y de la unión de ambos nació una niña doblemente Chava: Miriam, todavía sin descendencia pero casadera, ya que anda muy acaramelada con su amor Jakub Ryś; la niña, en contrapartida a la decisión de sus padres, está dispuesta a internacionalizar las raigambres Chavas. De esta línea, o mejor sublínea, queda hablar del hermano del servidor: El Jose. Jose casó con Guillermina Marín, y de su unión nacieron Iván y Luis, en la actualidad mozos merecedores. Volviendo a los nietos del tío Chavo por parte de su hija mayor Dolores, tengo que hablar de mis tíos y primos. En el orden de mayor a menor edad, que es el orden que me he propuesto seguir, encuentro a mi tía Fina, tres años menor que mi padre, que casó con Pepe Barreda y de cuya unión nacieron mi primo Pepito y mi prima Isabelita. Pepito, que yo sepa, ha tenido tres hijos de dos mujeres: Jorge y Patricia, de Mari Carmen Turbuleta, y, tras su nueva unión con María del Mar Ilicense, un nuevo retoño cuyo nombre ignoro (prometo enterarme); quizá, para compensar, mi prima Isabelita no ha tenido hijos. En relación a mi tío Paco, vengo a decir que tuvo dos hijas de su unión con Lucia Sánchez: Lily y Conchi. Lily se unió con Andrés Moreno, y tuvo tres hijos: Andrés, Paquico y Adrián; de estos tres, Paquico, tras su unión con María García, ha tenido a Curro; Concha de su unión con Juan Sánchez ha tenido a Fuensanta y Alejandro; Fuensanta, a su vez, de su matrimonio con Óscar García ha tenido a Óscar. Todas estas personas que he nombrado, ya sea por sangre o adopción, son Chavos de la primera línea, los que proceden de Dolores, la primera hija del matrimonio del tío Chavo con Bernardina Aguilera.

La Milagros adolescente, segunda hija del matrimonio Chavo. Se aprecia en ella la belleza que transmitiría a su descendencia.
En referencia a los Chavos que proceden de la segunda hembra del matrimonio de José con Bernardina, Milagros, tengo que decir, en primer lugar, que es una línea muy corta aunque de intensidad especial como ahora especificaré. Milagros casó con Francisco Tortosa, de cuya unión nació Fuensanta, la que llamaré Fuensanta primera porque tristemente murió a los dos años de edad a causa de una meningitis; el matrimonio tuvo una segunda hija a la que volvió a poner el nombre de Fuensanta (cosas de los antiguos) y a quien llamaré Fuensanta segunda. Fuensanta segunda, llegada a la edad, casó con Antonio Martínez. De la unión de Fuensanta segunda con Antonio, nació Mª José (La Jose Mayor), mi prima segunda y también esposa; por eso la hija de ambos, de Mª José y el servidor, ya mencionada anteriormente, posee la raigambre más recia de todos Los Chavos, y es un caso único hasta la fecha en lo que se refiere a las filiaciones Chavas ya que es doblemente Chava al confluir en ella las líneas de la primera hembra del feliz matrimonio de José y Bernardina, Dolores, con los de la segunda hembra de dicho matrimonio, Milagros. 


La prima sobrina tercera del servidor, o algo así. Ya de pequeña sentía predilección por cierto tipo de indumentaria. Nació una noche de San Juan con un lunar en la axila izquierda.
Esta circunstancia puede llevar a confusiones. Por ejemplo, en mi caso: Miriam es mi hija, pero si atiendo al hecho de que mi mujer es mi prima segunda, entonces ocurre que mi hija es mi hija, aunque también es mi sobrina segunda o tercera, y para ella el servidor vendría a ser su tío primo segundo o tercero, no sé; lo he preguntado y ha surgido la discusión. Lo grave es que igualmente le sucede a Mª José con su hija. Si su hija es la hija de su primo segundo, ¿entonces qué tipo de parentesco mantiene con la misma? Ahora bien, si mi hija es prima sobrina tercera mía (vamos a dejarlo así, con la edad que tengo no estoy para ciertos trotes mentales), y la hija de mi mujer es su sobrina prima tercera, entonces, ¿qué relación mantiene nuestra hija con respecto a nosotros, hija o sobrina lejana? Si es sobrina lejana, nuestra hija, en referencia a las relaciones de parentesco, estará más lejana de nosotros que otros sobrinos o sobrinas que, incluso, no sean hijos nuestros. Un lío, ¿eh? Dicho lo cual, ¿qué tipo de parentesco, distante o cercano, podrá mantener nuestra hija, siendo respectivamente la sobrina tercera de cada uno de los dos cónyuges, con el resto de la familia Chava? Vengamos al siguiente caso: Fuensanta, la segunda, hija de Milagros y Francisco, es prima de mi padre y madre de Mª José, mi mujer, por lo que su nieta es mi hija, pero siendo Fuensanta prima de mi padre, ¿qué parentesco le tocará a mi hija con respecto a su abuelo paterno? Seguro que será su nieta, pero también su nieta prima segunda. Y si la nieta de mi tía segunda es, a la vez, sobrina segunda o tercera mía, esto es, hija mía, ¿no cabe sospechar aquí extrañas relaciones?, ¿no está ocurriendo acaso en la familia Chava algo similar a lo que ocurría con los faraones del Antiguo Egipto? A lo mejor los Chavos llevamos sangre de faraones y no lo sabemos. El caso es que, sin entrar en profundidades, los parentescos se complican, y cómo. Ya veremos cuando tengamos que repartir la herencia, qué ocurre.
La abuela María, desencadenante de la tercera línea de filiaciones Chavas

Queda hablar de la última línea de los Chavos, la que desciende de María (La María), la tercera robusta hembra habida del matrimonio del tío Chavo con Bernardina. María casó con Antonio Romero, y su unión fue fructífera, pues tuvieron los siguientes hijos: Maruja, Fina, Antonia y, por último, los mellizos: Nina y Pepe. Maruja casó con Pedro Martínez y del matrimonio nacieron dos niñas: Maribel y Antoñita. Maribel casó con Miguel Ángel Luján, El Miguel, y de su matrimonio nacieron Miguel Ángel y Esteban. Antoñita, a su vez, casó con Pedro Villalba, El Perico, y de su unión nacieron María y Pedro. La segunda hija de María con Antonio fue Fina, quien tras las nupcias con Antonio Solano, tuvo dos hijos: Mª José, conocida como La José del Rincón, pues en su infancia y primera juventud vivió en el Rincón de Seca, y Antonio. La Jose del Rincón casó con Toni Balsalobre (El Tony, conocido así tanto en el ámbito familiar como profesional) y de tal matrimonio nacieron dos niñas: Marta y Natalia. Antonio, el hermano de La Jose del Rincón, casó con María José Marín y de tal unión nació Antonio. La tercera hija del matrimonio de Antonio Romero con María Martínez fue Antonia, quien casó con Antonio Gracia y de su unión nacieron: Antonio (El Antoñín), Víctor y Mª José, conocida como la Jose de la Puebla en razón de su habitáculo y para distinguirla de las otras María José de la familia. Antoñín casó con Manola Pérez, pero hasta la fecha el matrimonio no ha tenido descendencia; Víctor casó con Conchi Martínez, y de tal unión han nacido Víctor y Alberto. En referencia a María José, casó con Asensio Navarro, El Asen, y de su unión han nacido Mª José y Ester. En lo que concierne a los mellizos cabe decir lo siguiente: Nina casó con Antonio Frutos (El Frutos, en el ámbito familiar) y tuvieron los siguientes hijos: José Antonio, Jorge, Eduardo y Lyli, conocidos como Los Ninos en honor a su madre. José Antonio, de Alicia Martínez, tuvo los hijos Adriana y Marcos; con su compañera actual, la simpatiquísima Maricarmen Cayuela, Chava de adopción, aún no tiene descendencia. Jorge casado con Eva Gómez ha tenido a Jorge, Rosalía y Manuela; Eduardo de la unión con Jacín Buendía ha tendido a Alejandro, Pablo y Javier; Lyli de la unión con Manuel García ha tenido un robusto vástago: Antonio. El otro mellizo nacido de la unión de Antonio Romero con María Martínez, Pepe, casó con Consuelo Puche, y de esta unión nacieron: Antonio, Consuelo (La Cuchi), Fulgencio (El Alito) y María. Antonio, soltero de momento, no tiene descendencia; Cuchi casó con Francisco Javier Martínez, El Fran, y de tal unión han nacido Jorge Francisco y José Javier; El Alito a su vez casó con Fuensanta Martínez y, hasta la fecha, han tenido sólo una hermosísima niña: Celia. María está todavía soltera. Todas las personas nombradas, ya por sangre o adquisición, adquieren la filiación Chava por ser descendientes de la tercera hija del matrimonio del tío Chavo con Bernardina Aguilera.

Bautizo de Eduardo (El Edu), el tercer Nino. En el centro, Mª José, mi prima segunda, oficia de madrina, el crío no le cabe entre los brazos. De izqu. a dech: La Nina, El Frutos, Fuensanta Segunda y Antonio Martínez
El tiempo, desde luego, aparte de ser un enigma, multiplica los seres que da gusto y pone a cada uno de éstos en su sitio. Toda la constelación de las personas nombradas, y de las que en la eviternalidad seguramente están en camino y, por consiguiente, no puedo nombrar, son Chavos. Porque las filiaciones, con el fin de no caer en exclusivismos de mal gusto, hay que mirarlas en sentido amplio. Sólo así se puede tener una visión de la globalidad mucho más justa y, por supuesto, mucho más real de aquella otra a la que pueda llevar la estrechez de miras. Y a decir verdad, hablando de globalidades, ahora voy a contar un secreto que me refiere mi madre política, Fuensanta, y que, como tal secreto, no todo el mundo conoce: José Martínez Cano, el tío Chavo, en realidad no es el ancestro último al que cabe remontarse en la saga, pues él también es heredero de dicha filiación; la recibió de su madre, Dolores Cano, la Chava antigua, conocida como La Abuela de la Acequia, apelativo que le fue asignado por su bisnieto Jesús, esto es, por mi padre, para distinguirla de la abuela Bernardina. No atisbo más allá en lo que se refiere a los orígenes Chavos. La Abuela de la Acequia supone un límite infranqueable para mi conocimiento ya que, antes de ella y retrocediendo en el tiempo, se extiende la noche de la ignorancia, por lo menos para el servidor; tan sólo añadiré, con el fin de arrojar en lo que cabe un poco de luz, que La Abuela de la Acequia había casado con José Martínez, que no era Chavo. Para finalizar estas indagaciones vengo a acordar algo interesante —que por decir secretos no quede, pues soy de la opinión de que con el conocimiento se airean las mentes, y si éste se agranda también se agrandan éstas y revierten en una mayor inteligencia—: La Bernardina era hija de Francisco Aguilera Puerta y de María Martínez Rodríguez, prima del Padre Rodríguez, persona ésta última querida y muy recordada en Moratalla, a la que en su día se le adjudicó calle y monumento.


Grupo de mujeres Chavas de las últimas generaciones.


Soy heredero de este linaje, el de Los Chavos, y a mucha honra y orgullo, oiga. Todos Los Chavos actuales, al descender de tres simpáticas abuelas, hemos tenido la suerte —incluidas las abuelas, y al decir de las abuelas— de heredar las cualidades de la belleza e inteligencia en tono superlativo. Aun así, en todo hay grados, y si los Chavos por definición somos guapos y listos, unos son más guapos y listos que otros. Es el caso de cierta descendencia de la abuela María, una sublínea que, a pesar de haber perdido el reproductivo apellido Martínez que con orgullo paseaba el tío Chavo, al criarse en un carril de la huerta han conservado mejor las esencias.
No quiero entrar en detalles, algo que, por supuesto, en algunos casos puedo hacer muy pormenorizadamente, pues si por flaqueza de mente a mí se me olvidan las cosas, tengo a mi lado a Fuensanta, mi madre política y tía segunda, a quien las cosas no se le olvidan y en todo momento puede apuntármelas. Si traigo aquí el árbol genealógico de Los Chavos es para realizar un parangón con la magnificencia del universo, ya que si éste, según los astrofísicos, se expande, Los Chavos se expanden igualmente; y si, en el decir de Shelley, las generaciones de los hombres son como las hojas del bosque, ya que mientras unas caen otras son las que nacen, hay que convenir que el bosque siempre permanece. No se pueden ver las cosas con parámetros estrechos que lo único que datan es la propia ignorancia de quienes los esgrimen; más bien hay que mirar hacia la línea del horizonte y pensar que existen infinitas líneas e infinitos horizontes allende la misma. Es así que hasta hace poco creía que los únicos Chavos en los que había prendido el amor por la literatura eran tan sólo mi hermanica y el servidor, ¡pues no! Para sorpresa y alegría mía otro Chavo se ha tirado al monte literario con la publicación de una novela de la que pronto daré rendida cuenta. Este Chavo no es otro que José Antonio Frutos —heredero de la línea que procede de la abuela María, y, más concretamente, de la sublínea de Los Ninos, puesto que es el primero de ellos—, el cual, al tirarse al monte, ha adoptado cierto nombre de batalla, algo así como El Nino Azul.

El Nino Azul con sus hijos Adriana y Marcos.
Entre las muchas razones que se me ocurren para seguir apostando por la familia está el afecto y la ayuda mutua que se puede dar entre sus miembros, pues la mera pertenencia al clan es interesante, pero por sí sola no constituye razón suficiente. Por eso tiendo la mano a mis queridos Chavos; aquí está y aquí me tienen.
Grupo de hombres Chavos de las últimas generaciones
Quede esta somera descripción de las filiaciones Chavas en las que abundan personajes que por sí solos y debido a su singularidad manifiesta serían capaces  de protagonizar la trama de alguna novela. Otro día, si el tiempo y la ocasión lo merecen, hablaré de la otra línea de filiación de la que soy heredero, la que se me otorga por vía de mi madre, la de Los Mojetes. Cumplida tal hazaña podré recuperar y sacar a la luz una de mis ocultas —y queridas— personalidades, la designada tal que así: El Jesusico Chavo Mojete.

Este individuo propiamente no es un Chavo, pero se ha colado por aquí.

                                                          
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                                                           Jesús Cánovas Martínez©

                                                           Filósofo y poeta.