jueves, 5 de mayo de 2016

LA VERDADERA HISTORIA DEL PRÍNCIPE QUE SE CONVIRTIÓ EN RANA

LA VERDADERA HISTORIA DEL PRÍNCIPE QUE SE CONVIRTIÓ EN RANA
CONCHITA BAYONAS
ILUSTRACIONES DE VIRGINIA GARCÍA



Por su frescura me encanta la literatura para niños; nos suele introducir en un mundo que se abre a un espacio lógico donde todo es posible. Y esto porque la magia en ese mundo es tan real como lo pueden ser los árboles, las piedras o los ríos. Y hay más: esta literatura, al explorar los límites de lo posible, de soslayo cuela, con desenfado, con inocencia, siempre desde la amenidad a que induce la fantasía, problemas que en determinadas épocas de la vida de cualquiera de nosotros han podido constituir verdaderos dilemas vitales. Conchita Bayonas con La verdadera historia del Príncipe que se convirtió en Rana se apresta a dicha tarea.
En un  reino remoto, Todosauna, el rey Soloyomando se había casado con la maravillosa princesa Esoesloquetutecrees. Después del opíparo banquete de bodas, los allí reunidos les ofrecieron presentes: unos materiales, tantos que sería difícil contarlos; otros inmateriales, los de las hadas. De ellas reciben la “generosidad”, para ayudar a la gente; la “sabiduría y diplomacia” para gobernar; la “facilidad para aprender idiomas” para entenderse con la gente de otros países, y así, muchas facultades que les iban a servir para conducir el reino de las mil maravillas. Pero el hada Graciosilla, la madrina de su futuro hijo les regaló el don de la “Paciencia”, porque la iban a necesitar con su vástago.
Por los berridos que da el niño recién nacido la madre piensa que será un gran tenor, razón por la cual le pondrán por nombre Rigoletto. Crece Rigoletto y se convierte en un chico muy simpático y guapo. Ahora bien, cuando le da por cantar todos le rehúyen, pues es capaz de levantar horrorosos dolores de oídos al más pintado. No obstante dicha circunstancia, la afición al canto se afianza en él hasta el punto que se convierte en una vocación.
Las canciones de Rigoletto —Rigo, como cariñosamente le llama su madre—, o mejor, su forma de interpretarlas, terminan por hacerle perder los amigos y por sembrar un malestar sombrío en el reino; los padres, aun armados con la virtud de la paciencia, están seriamente preocupados. Tanto es así que idean procurarle una novia que le llene de verdad su vida, con la que, se dicen ellos, siente la cabeza y deje de pensar como un chiquillo. Con este fin preparan una cacería a la que invitan a los reyes de los reinos vecinos y gentes de alcurnia; ni qué decir tiene que la cacería acaba en fracaso porque a Rigo le da por cantar y no sólo espanta a los animales sino también a los invitados. Las posibles novias, junto con sus padres, huyen por la noche y le abandonan.
“Bueno, busquémosle el mejor maestro de trovadores”, piensan los padres. Pero este gran maestro al poco desiste de enseñar a Rigoletto porque pronto viene a sufrir agudos dolores de cabeza, así que huye a un monasterio y se mete a cartujo. Uno tras otro, los maestros trovadores irán abandonando la ardua empresa. Los padres, aun pacientes, están desesperados; Rigoletto está firmemente determinado a convertirse en trovador:
—Seré trovador, y todos nuestros súbditos me llamarán el príncipe cantor —les dice a sus padres.
En este punto es cuando los progenitores, desesperados, llaman a la madrina del príncipe, el hada Graciosilla. Tras larga conversación con Rigoletto, el hada le propone un dilema. Las dos opciones son drásticas; las dos opciones se acompañan de una respectiva renuncia, pero cualquiera de ellas supone una solución al problema. Elegirá el príncipe la que menos gusta a los padres; a su vez, tal opción, les llevará a éstos a plantearse nuevos dilemas de difícil resolución.


La luna brilla en lo alto, ulula el búho tres veces y pasa volando un mirlo blanco, Graciosilla toca la cabeza del príncipe y, éste, convertido en rana, pasará a vivir en el estanque mágico que hay junto al palacio. Ahora bien, nada es como aparece; la realidad, por así decir, tiene una trastienda, y ninguna rana de las que habitan en el estanque es verdaderamente rana… Durará la prueba el tiempo de una semana, tras la cual Rigoletto deberá tomar la decisión definitiva.   
Lo que elegimos nos afecta hasta el punto que condicionará nuestra vida, pero esa elección también afectará a las personas de nuestro entorno, y éstas, a su vez, se verán precisadas a tomar nuevas decisiones que afectarán a otros. El don de la libertad es precioso, pero el uso que hagamos de él nos abrirá perspectivas que nos harán felices o desgraciados, y también harán felices o desgraciadas a las personas con las que convivimos.
La historia encantará a niños y mayores: a los peques por empatía; a los mayores por su valor didáctico; a ambos por su amenidad. Con la ternura de una madre, con la benevolencia que otorga la experiencia, con la inteligencia que analiza la trastienda de los comportamientos humanos, salpicadas de ironía desde la primera hasta la última página, Conchita Bayonas narra la verdadera historia de Rigoletto, el príncipe que se convirtió en rana. Esta rana llegó a realizar su vocación y a encontrar el amor verdadero con lo que dio sentido a su vida, porque en realidad la rana no era una rana sino un verdadero príncipe que conquistó su individualidad. Las apariencias engañan, y ya lo hemos dicho antes, las cosas no son como aparecen, sino que las cosas, las personas, son como son.
Salpican el texto una serie de ilustraciones de Virginia García que suponen un deleite para la vista. Frente a la simpatía de la historia, la gracia de la imagen… Por cierto, si el mundo no nos entiende o se empeña en endurecer sus oídos ante nuestro sublime canto, ¿no será mejor que cambiemos el mundo?


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                        Jesús Cánovas Martínez©