viernes, 3 de mayo de 2013

LA APUESTA DE PASCAL









 ¿Existe o no existe Dios? Tal vez exista, tal vez no… ¿Qué puede nuestra razón? Nuestra razón puede ser insuficiente para articular una prueba de la existencia de Dios con carácter absolutamente convincente, pero eso no supondría que Dios no existiera. Por otro lado, ¿acaso nos convencen las pruebas que intentan demostrar que Dios no existe? Quizá la existencia de Dios no pueda ser demostrada, o quizá sí… Los santos o los filósofos cristianos primero creyeron y después razonaron. Parece, por tanto, que creer o no creer en Dios obedece, fundamentalmente, al corazón o a las vísceras; ahora bien, ¿qué nos interesa más?, ¿qué exista o que no exista? Es en esta nueva perspectiva sobre la problemática en la que se sitúa Pascal. Dios existe o no existe; una de las dos posibilidades tiene que ser cierta, porque justamente no puede ser, por contradictorio, que Dios exista y no exista a la vez (atentaría contra el principio lógico de tercero excluido). Cara o cruz, por tanto. ¿Qué probabilidades hay de que la moneda caiga de un lado o de otro, de que Dios exista o no exista? En principio, las mismas: el 50%. Ahora bien, a nosotros, como hombres efímeros y mortales, qué nos interesa más: ¿que Dios exista o que no exista? ¿Y cuál sería nuestra actitud hacia su existencia o no existencia? Apostemos, pues. La apuesta es ineludible, porque no apostar supone haber apostado ya. Si Dios no existe, y apostamos por su existencia, nada perdemos. Si Dios existe, y apostamos por su no existencia, lo perdemos todo. Para Pascal, por tanto, sin lugar a dudas, hay que apostar por la existencia de Dios.



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Jesús Cánovas Martínez©