domingo, 4 de enero de 2015

QUEBRADO POEMA DE AMOR HERIDO

Estos días de fiesta son melancólicos. Sales a la calle y, entre luces y adornos, encuentras los comercios abarrotados de gente que intenta comprar una felicidad fácil, al alcance de la mano o del bolsillo. Pasó el día de Navidad, pasó Nochevieja, y ahora, desde Oriente, llegan los reyes. Su cabalgata acerca la ilusión, y los niños saltan y corren, gritan, se alborozan de alegría.
Hace unos años compuse un poema de extraño amor. Apareció en un libro que llevaba por título La luz herida. Aquí lo reproduzco:


QUEBRADO POEMA DE AMOR HERIDO, CON PRÓLOGO, NUDO EN CUATRO TIEMPOS, UN PARÉNTESIS Y TRES DESENLACES ALTERNATIVOS.

                                                           Para todos los niños
                                                    desheredados del mundo.






PRÓLOGO


Tú me pediste
extendiendo tu adelgazada mano
una ayuda.
“Una ayuda”, dijiste;
dijiste quedo, quedo…

Entonces huí.



NUDO


PRIMER TIEMPO

En las esquinas, entre la gente,
un muro invisible separaba
tus ojos, en los escaparates.
Y tu mirada adosaba
la ilusión, ciertamente,
de paraísos soñada,
de juguetes, turrones,
golosos reyes.

Niña tú, hoy mirabas,
ausente entre la gente,
muchos soles.
                   


SEGUNDO TIEMPO

Estaciones de autobuses.
Se amontona, se adormece la tarde.
Esquinas. Sueños. Bares.

Por el vitral, la luna.
Resbalan cirios y moscas,
fanfarrias, músicas, zambombas,
sonoros cascabeles.

Navegan tus ojos
por la tarde
y los cristales,
y tu mirada me recuerda
la lejanía y la muerte.


TERCER TIEMPO

Asfalto. Suelo. Farolas en la calle.
                                       Nada más.


Se despueblan abrigos,
sueños, voces, gritos.
Desde los altos andamios
abre una rosa,
se desmorona la tarde.
En el desdén, las manos;
la voz en mi garganta.

Tú, mi niña,
entre las esquinas pasas.



EL PARÉNTESIS

( No tenías culpa,
  no supiste apenas
  – caída entre las moscas
  que te devoran –,
  el último porqué de tu existencia.

  Por qué el dolor y el hambre
  de tu menuda figura.

  No supiste,
  no supiste nada.)

CUARTO TIEMPO

Ahogado el silencio
en mi garganta, grito.

Heridas están mis manos.

Deshiladas esferas,
cambiantes luces.

Simulacros del orden rozan
verosímiles ausencias
de las rosas.

De cualquier rosa.




LOS TRES DESENLACES ALTERNATIVOS


PRIMER DESENLACE

La inteligencia pura
bien que lo prescribe:
no sentimentalismos.

Los ciegos números
son así, rentas, cuotas,
intereses de los bancos.

La inteligencia pura
no entiende de sentimentalismos,
ni la bolsa, ni la banca.



SEGUNDO DESENLACE

Descalzo en el sol
aún mi recuerdo pervive.

Soñolencia, tiempo…
Tú te has ido.
Para siempre, es mucho;
lejano el camino…





TERCER DESENLACE

Estoy cansado;
no puedo ir ni me atrevo.

Tan cansado estoy
que no sé si iré.
Pero sé que vendrás,
amarilla,
una tarde de Otoño;
una tarde de Otoño
gris y con lluvia…

Una tarde de Otoño
tú vendrás sin palabras
y yo me iré contigo
cogido de tu mano.

                    La luz herida. Cuadernos Espartaria
                    Todos los derechos reservados

                    Jesús Cánovas Martínez©