viernes, 2 de mayo de 2014

GRACIAS

GRACIAS




Gracias, gracias, gracias, gracias y 12.856 gracias, 12.856 millones de gracias, muchas, muchísimas gracias. Gracias a todos, amigos, los que habéis tenido a bien visitar este blog; los que lo habéis seguido desde un principio o los que os habéis ido incorporando a lo largo de su andadura; los que en silencio habéis entrado por sus vericuetos o los que habéis compartido o dejado alguna huella de vuestra lectura (un «me gusta», una «recomendación», un «+»), algún comentario: sin esos estímulos hubiera sido imposible seguir adelante. Hoy, tres de mayo de dos mil catorce, La Tierra vuelve al mismo punto en que se encontraba con respecto al sol hace un año y este Arco del Triunfo cumple también su año; sin vosotros (permitidme la insistencia) hubiera sido vano y estéril cualquier esfuerzo o ilusión puesta en él. Al darle inicio me movió la intención de comunicar; ha sido cumplida con creces, y me siento satisfecho.
Fruto de un curso on-line, pensé dedicar el blog a tareas pedagógicas únicamente, pero pronto mudó aquella primera intención para convertirse en otra más abarcadora, fuera en cuanto a los temas tratados o a sus lectores. Los temas se abrieron a todos los posibles; sus lectores, a todos los que el conocimiento o el azar me permitieran llegar.
 Quizá haya un denominador común en las temáticas o en la forma de tratar las temáticas tal y como aparecen en el blog. Es de señalar la hipertrofia o abundancia de textos reflexivos o críticos sobre cualesquiera otros. Ciertamente sé que para algunos la crítica de textos se sitúa en los márgenes de la literatura; sin embargo, aunque soy muy repetuoso con las opiniones de los demás, yo tengo las mías propias, y pienso que no solamente hay que leer o escribir, sino también hay que entender lo que se lee o escribe; hay, en definitiva, que leer o escribir sabiendo. Cae por su peso, pues, la intención reflexiva sobre la escritura. En el blog, pues, de manera explícita insisto en la importancia de leer, y leer, y leer, y releer, y escribir, y escribir, y escribir, y reescribir sobre lo leído y escrito, y escribir y leer sobre lo escrito y releído, sobre lo releído y reescrito con el fin de comprender. Supongo que tal particularidad será debida a una malformación de mi carácter, pero a estas alturas de mi vida puedo decir que resultaría difícil corregirla.
Quizá exista un libro, un libro sobre todo libro, un libro que haya que buscar y asumir el riesgo de que pueda ser encontrado; no sé. Borges deja caer esa posibilidad con relativa frecuencia. O quizá sea una palabra repetida hasta el infinito desde todas las perspectivas posibles, no sabría decir tampoco. No hay nada nuevo bajo el sol, afirma Qohélet.  
Un ser humano si no entra en relación con los otros, es una pura abstracción; un ser humano, por tanto, es también los otros. En consecuencia, para daros las gracias, tendría que mencionaros uno a uno, con nombres y apellidos, y ganas me dan de hacerlo; sin embargo, eso supondría un peligro: que me olvidara de citar a alguno. No es mi intención, aun disculpable (pienso), incurrir en desconsideración; por tanto, repito: ¡Gracias a todos! No obstante, mencionaré a dos personas que desde un inicio han apoyado la andadura de El Arco del Triunfo. Son dos amigos de hace tiempo, polifacéticos, escritores, versados en el mundo de la edición; y añado: dos amigos que han dicho mucho, pero les queda aún más por decir. Ambos, aparte de hacerse eco de lo publicado en este blog, han tenido a bien no rechazar nunca cualquier trabajo que yo les haya enviado. Uno es Francisco Javier Illán Vivas, director de la revista Acantilados de papel; otro es Fulgencio Martínez, director de Ágora, papeles de arte gramático.

Para mí, las entradas del blog, han sido como los hijos; unas, ciertamente, más elaboradas que otras; o más extensas o menos; con diferentes cargas de profundidad; algunas han abordado ciertas temáticas de manera recurrente, otras han incidido en la disparidad de sugerencias o consideraciones. En cualquier caso todas han sido queridas por mí y, como los hijos, todas gozan del mismo afecto. Dicho lo cual vengo a convenir que no todas ellas han tenido la misma aceptación por parte de vosotros; así unas han sido más visitadas que otras. Repasaremos, pues, el ranking de los post, según el número de las visitas efectuadas; y remontaremos, por eso de que la héptada tiene algo de magia, desde el puesto número siete al primero de los post más visitados. Lo haremos a partir de mañana, según el orden inverso de su cantidad de registros: En el nº 7, El quinto camino: El Caballero y la Dama de sus Pensamientos, con 300 vistas; en el nº 6, A propósito de Gestas y Dimas: La discriminación de los espíritus, con 305 vistas; en el nº 5, Frente al cuerpo incorrupto de la beata María Ángela Astorch, con 320 vistas; en el nº 4, El elocuente silencio, con 329 vistas; en el nº 3, Las razones astrológicas de la última cena, con 348 vistas; en el nº 2, Los arcanos mayores del Tarot, con 402 vistas; y en el nº 1, Carta abierta a Miguel Cagarrutio, el graciosillo, con 647 vistas.  A esta epístola, por ser la ganadora, le haremos una especie de triduo en minúscula y festivo, con abundancia de traca (por algo el blog se llama El arco del triunfo y no Las horcas caudinas), porque quien actúa de cierto modo, en razón de eso que algunos denominan justicia, se expone a que le den una respuesta apropiada.
Hasta la fecha, con este, han sido 56 post publicados y, registradas, 12.856 visitas; tal circunstancia constituye para mí, repito (y lo repito hasta la saciedad), un motivo de alegría. Sí, porque otros blogs son más frecuentados, y yo me alegro por ello; pero, puesto que no me anima la comparación con nadie sino la exigencia debida a vosotros de mostrar calidad o de tratar cuestiones que interesen desde el punto de vista de una mínima solvencia intelectual, también me alegro de las visitas que ha tenido mi modesto blog (siquiera con menos de la mitad de registros ya lo hubiera considerado un éxito). Por esta razón es por la que quiero brindar virtualmente con vosotros, mis queridos amigos, elevar la copa y prorrumpir en una nueva andanada de gracias:
Gracias, amigos, un millón de gracias a todos los que me habéis seguido en esta aventura, miles de millones de gracias. Al cabo de un año hay sobrados motivos para el brindis y la alegría, y ánimos para seguir adelante.
Amigos queridos: Brindo «con» vosotros y «por» vosotros.



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                                                 Jesús Cánovas Martínez©