domingo, 20 de noviembre de 2022

"CUENTOS COMPLETOS" DE FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS

 

CUENTOS COMPLETOS

FRANCISCO JAVIER ILLÁN VIVAS

PRÓLOGO DE LUIS ALBERTO DE CUENCA

M.A.R. EDITOR


 


Me va a permitir el autor, antes de nada, una pequeña enmienda a la totalidad; esta hace mención al título del libro, Cuentos completos. A mi modo de ver le falta una apostilla, que sería: hasta la fecha, pues Francisco Javier Illán Vivas está en la plenitud del vigor  creativo, y es de esperar que por mucho tiempo. Así que no debemos pensar que ha cerrado algún ciclo de producción, como puede ser el de la narrativa breve (la publicación de las Obras Completas suelen hacerlas los herederos); es más, estoy seguro de que a más no tardar nos sorprenderá gratamente con nuevos relatos.

Son sesenta cuentos los que componen el volumen, escritos a lo largo del dilatado período de tiempo de cuarenta años: cuarenta y siete de ellos aparecidos en diversos medios y debido a diversos motivos, sea en el volumen de 2013 La Isla y otros relatos, o en revistas y antologías e, incluso, en programas radiofónicos; los otros diecisiete hasta este momento eran inéditos. El orden de secuenciación de los mismos obedece a los arcanos de la mente del autor que yo ni siquiera trataré de desvelar.

La primera impresión que he recibido de estos Cuentos completos es la comunicabilidad que mantienen los relatos, como si estuvieran dotados de puertas y ventanas, y pasadizos secretos que los conectaran con el resto de la obra del autor y consigo mismos; algo que quizá responda a la intención consciente por parte de F. J. Illán Vivas de crear laberintos, puentes de conectividad e incluso pozos ciegos sin posible salida. Otra imagen que me viene a la cabeza para caracterizar el libro, aparte de la del laberinto, es la de un castillo interminable con dependencias, pasillos, salones, cámaras y fosos donde aguarda la sorpresa.

Al respecto de la interconexión que mantienen los textos traigo un par de ejemplos. Salta a la vista que el protagonista de Mi tiempo (relato publicado en 1982 en la revista Guía del Sureste) es el mismo que el del relato Condenado a una muerte efectiva (aparecido en 2012 en la antología Los mejores terrores en relatos después de treinta años de que apareciera el primero). El mismo despacho, el mismo orden de los objetos, la misma impoluta atmósfera casi decadente, la misma parsimonia del protagonista y los mismos actores secundarios…, y como música de fondo Carmen de Bizet; de repente, un estallido de vidrios que conducirá a dos posibles desenlaces. Otro ejemplo podría ser la concatenación que mantiene el cuento El gran secreto (aparecido en la revista LML en 2006) con los impecables inéditos que le siguen: El jardín, Tarde de lluvia en Nueva York y La primavera se negó. En los cuatro el protagonista es una mujer que habla en primera persona y los cuatro están traspasados por un especial lirismo con sabor a cartas, a misivas que nunca serán contestadas; a los cuatro recorre la sensación de derrota y de muerte, y los cuatro están dotados de una floral melancolía. En El gran secreto una mujer triunfadora, diplomática para más señas, recorre por las noches los bajos fondos de las ciudades a las que le lleva el destino, así pasea su vacío interior; ha triunfado profesionalmente, pero ha fracasado en el amor. Los siguientes relatos inciden en la sensación de fracaso amoroso, de muerte y renacimiento; un jardín otoñal que renace cuando los enamorados dicen al unísono “te quiero”; un banco del Central Park de Nueva York bajo la triste lluvia del atardecer precipita el recuerdo y la emoción; cuando el espíritu escapa, quedan las cenizas, pero cenizas impregnadas de un germen que nuevamente puede hacer brotar la vida (Una bellota contiene la creación de mil bosques, recuerda el autor citando a Emerson). El lector, si así le place, puede buscar otras correspondencias entre los cuentos que integran el volumen, y seguro que las encontrará.



Pero estos cuentos no solo están conectados entre sí, sino que muchas veces mantienen un vínculo con el resto de la producción literaria de F.J. Illán Vivas, especialmente la fantástica concerniente a la saga de La cólera de Nébulos. Vengo al caso de La espada. Dos parejas mantienen una amigable velada cuando el protagonista se aparta de sus invitados y de alguna manera es llamado por la espada que cuelga de una pared. La compró “en una rancia tienda en Toledo, a precio casi de saldo” y hasta ese momento la tenía olvidada. La espada le atrae de tal manera que termina por cogerla entre sus manos y al tiempo se le despiertan varias neuras, pero el hilo del relato no corre hacia el desenlace que el lector supuestamente prevé. El protagonista recuerda el nombre de la espada Dragonia, y esta le transporta, allende el tiempo y el espacio, a un lugar o dimensión paralela, donde la magia es posible. Judit aparece en el relato Pesadilla (publicado en 2004, con motivo de un homenaje a Robert E. Howard, en la revista universitaria El chino del maletín) y sabemos del carácter infernal de esta engañosa belleza que despierta las desenfrenadas pasiones, la concupiscencia más atroz y vampírica, por El retorno de la espada (2021).

Una característica de gran parte de los cuentos que integran el volumen es la técnica utilizada al escribirlos. Generalmente los abre un párrafo brillante que capta la atención del lector; acontece luego un relato que comienza a ser previsible, pero el autor, en un momento dado, de manera imprevista da un giro de tuerca al hilo conductor, a veces dos, o tres, con el que cambia el sentido de la narración. El lector queda confundido hasta que encuentra el nuevo hilo (ahora onírico o quizá fantástico, diferente en cualquier caso); finalmente, el cuento se cierra de modo también sorpresivo, y brillante. He mencionado antes La espada, que puede servir de ejemplo; sin embargo, vengo a reparar en el que lleva por título Concierto, privado, de Navidad (publicado en Matar a quienes manejan la economía, 2014). Choca ya su título con ese apóstrofe: privado, y su primer párrafo es impactante:

 

Cuánto le apetecía en aquel momento un cigarro, y su recuerdo se marchó hacia una dacha a las afueras de Omsk, cuando, rodeado de aquellos cuatro desconocidos, bebían, fumaban, cantaban y él, como siempre, hacía sonar su vieja getzen, la misma que le acompañó en el recital del Metropolitan hacía treinta años… La había besado tantas veces que sus labios, y la boquilla, tenían una huella común, capaz de acoplarse con más perfección que dos amantes.

 

Un famoso concertista está enfermo de muerte. Sabiendo que le queda poco tiempo de vida se decide a dar dos conciertos privados ante un selecto grupo de personas. Uno en la Fundación March donde interpreta el Concierto nº 3 para piano de Rajmáninov, adaptado para trompeta por primera vez en la historia. Sin embargo, la vuelta de tuerca sucede inesperada; estamos cercanos a Navidad y falta el árbol. Tras la composición del significativo símbolo navideño, el viejo concertista, sumido en sus reflexiones, esputando sangre, esperando a Ella, aunque sin miedo, se dirigirá a Moncloa para dar su segundo concierto.



No falta el humor y la broma en estos Cuentos completos. Un relato que me ha hecho especial gracia en este sentido es el que lleva por título La flema inglesa (publicado en Londres en 2017). El relato está escrito con la misma técnica de la sorpresa que he descrito antes, pero si en el Concierto, privado, de Navidad el humor se adosa con tintes negros y de muerte, aquí lo hace con sesgo erótico y festivo. Asistiremos al desconcierto de un pobre Asperger cuando asiste a un curso intensivo en Londres y conoce a María Victoria de los Ángeles, Viki, chica algo alocada, moderna y sin complejos que durante tres días le irá descubriendo ciertos entresijos de la vida londinense. Licaón en Moncloa (publicado en Anatomías secretas, 2014) es otro ejemplo del humor un tanto negro que gasta F.J. Illán Vivas. Un científico, demasiado soberbio, que ha investigado sobre la capacidad de mutación, comienza en primera persona alabándose a sí mismo:

 

Soy el Maestro en mi campo, la autoridad mundial única y he alcanzado el aburrimiento, no hay riesgo en mis estudios, en mis proyectos.

 

De cara a esa introducción la hilaridad está servida. Anselmo Casillas se llama el científico y lleva algo entre manos. Pero el autor está dispuesto a jugar con el mito de Licaón para trastornar de forma drástica, y risible, los proyectos del eminente científico.

Se podría decir que Licaón en Moncloa es un cuento con moraleja, pero hay alguno más. Subrayó dos de ellos; en uno se castiga la ambición desmedida, La leyenda del cactus (publicado en la revista LM Literaria, diciembre de 2005); en otro, Caballero del honor (publicado por primera vez en la revista Guía del sureste, mayo de 1983) donde, una vez más, se denosta el endiosamiento a que lleva la soberbia. El primero tiene como tema de fondo uno de los mitos que alentaron las expediciones de los conquistadores españoles: la búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud. “De Gonzalo, Conde y Gobernador de Santiago, lo tenía todo: poder, riqueza, mujeres, favor del Emperador”. ¡Ay!, pero le faltaba algo: la juventud, pues “sus sesenta y tres años marcaban su decadencia”. “¿Por qué los poderosos hemos de morir?”, se preguntaba con rabia. Servida queda la aventura porque a sus manos ha llegado un plano que indica la ruta a seguir para encontrar la fuente de la vida eterna, secreto custodiado por los incas. La ambición es extrema, pues no solo es de riquezas. Así aparecerá un juego de ambiciones que llevará al desastre entre el Conde y sus lacayos más próximos. El Caballero del Honor nos muestra un chuleta medieval que no ha perdido ningún torneo. Por casualidad oye una conversación en la que alguien nombra a una Princesa encerrada en la torre de un castillo, y el chuleta, ni corto ni perezoso, se encamina hacia allá con el fin de liberarla. Llegados aquí podríamos decir, ¡ole tus huevos!, y bueno, huevos no le faltan al tipo porque pasa a espada hasta al apuntador, pero…, y existe el pero…, pero…



Guiños a autores con los que J.F. Illán Vivas se siente cercano y responden a su iconografía literaria (Lovecraft, Poe, Tolkien, Robert E. Howard, Hemingway, Simenon, Daphne de Maurier, Ray Bradbury, Aldous Huxley…), paso de la realidad cotidiana a la realidad fantástica u onírica con tintes góticos (sobre todo en los cuentos pertenecientes al volumen La isla y otros relatos), dosis de humor, de erotismo, mucha melancolía, pesadillas, objetos cargados de magia, alusión a sus ancestros (los Illán, los Vivas), a sus lugares cotidianos (Molina de Segura, Los Valientes, el Mar Menor…) y, finalmente, un ramillete de hiperbreves con que nos regala.

Lo dejo aquí y quien quiera indagar que indague. Siempre he dicho que cada lector tiene derecho a su lectura; yo solamente he dado unas pinceladas acerca de mis impresiones sobre el libro. Estos Cuentos completos de J. F. Illán Vivas tienen una gran riqueza y puedo decir con seguridad que quien se asome a ellos no será defraudado.

 

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Jesús Cánovas Martínez©

Filósofo y poeta

Ad astra per aspera.

viernes, 11 de noviembre de 2022

OFICIOS DESAPARECIDOS. AMA DE CRÍA

 

OFICIOS DESAPARECIDOS. AMA DE CRÍA.

AMPARO GONZÁLEZ TOMÁS

EDITORIAL SOLDESOL

 




Son ocho relatos los que componen este libro, Oficios desaparecidos. Ama de cría, del que Amparo González hace entrega, los cuales como hilo conductor tienen la recreación de oficios desaparecidos, tal y como su título indica. Como estos oficios hoy no existen, tampoco existen las gentes que vivieron de ellos, por lo que los relatos se remontan a un pasado, sea este el de nuestros abuelos o el de los abuelos de nuestros abuelos; así el toque costumbrista se adhiere a ellos y es esencial a los mismos. El lector del libro, por consiguiente, debe prepararse para entrar en el tiempo remoto que recrean en cuanto a la forma de vida de sus protagonistas, a ese pasado de tradiciones hoy caducas que constreñía sus vidas y que, porque hoy son un mero eco o no existen, pueden chocar bastante a un urbanita de nuestros días; sin embargo, a este no le chocaran las emociones y anhelos que recorren a estos personajes, pues son universales y atienden a todo ser humano de cualquier época y en cualquier circunstancia.

Lo primero que cabe resaltar, por lo menos a mí me lo ha parecido, es la preponderancia que adquiere la mujer (la femineidad como categoría queda resaltada al máximo), tan arrumbada a papeles secundarios en un pasado desgraciadamente no tan lejano, como si Amparo González quisiera hacer una reivindicación allende el tiempo de su dignidad, de su valía y, en definitiva, de su capacidad de integrar una familia, aun sirviendo de sostén económico, posibilitando la pervivencia y cohesión de sus miembros. Una mirada femenina, analítica, tremendamente observadora, a la que no escapan los detalles por nimios que estos sean y difícilmente se le podrían ocultar las emociones del alma, recorre las páginas del libro y otorga a los relatos el punto de vista necesario para crear una atmósfera propia.

Ama de cría, quizá por ser uno de los relatos más significativos, encabeza la serie. Amparo González nos relata un drama (y bien es verdad que los ocho relatos adquieren tintes dramáticos). Hay cosas que no se eligen y acontecen como un fatum del que no podemos escapar y nos condicionará durante toda la vida. Tal ocurre con la protagonista del relato, cuya precaria vida estará traspasada por la muerte y el desamor; la felicidad que desea quedará diferida por la esperanza, pero la esperanza quedará sometida a duras pruebas. Tras un parto, que debemos suponer difícil, muere su hermana gemela y al poco su madre. Su madre era la segunda esposa de José, el padre, quien la tomó en nupcias una vez muerta la primera mujer, hermana de la misma. (Y no debe extrañarnos que esto ocurriera, pues dicha práctica se solía estilar en aquella época por varios motivos: porque ya se conocía a la familia, porque se le tenía cariño de tanto entrar en la casa, porque estaba bien visto si la hermana no tenía novio y, sobre todo —no fue el caso del padre de la protagonista— si se tenían hijos pequeños; de esta forma todo quedaba en familia.) Tras la pérdida, José, hombre de mirada de pájaro atento, dejó de mirar y perdió el interés por vivir; aun así, busca un ama de cría que amamante a su hija superviviente. Encontrar una nodriza para los hijos era señal de bonanza económica de la familia; pero esta tenía que cumplir una serie de requisitos, los cuales reproduzco aquí para mostrar el detallismo de la autora:

 

Que su edad oscilara entre los diecinueve y veinticinco años, que estuviera amamantando a su hijo, pero que este no contase con más de dos o tres meses de edad. También que poseyera un buen informe médico; estar vacunada y tener una salud rebosante. Se valoraba en exceso que no tuviera ninguna enfermedad en la piel. Otro documento importante, que redactaba el cura del pueblo, era el de «buena conducta» y una moral intachable, con ir a misa era suficiente.

 

En fin, aquello se parecía al ajuste para comprar una vaca. Pero volviendo al relato, y como refiere la autora “toda existencia personal descansa en un secreto”. Quizá sea así. El caso es que Luciana, la nodriza, parece que lo tiene. José, que pronto se da a la bebida, no lo sospecha, a pesar de un cuadro premonitorio y horriblemente realista que contempla en casa de la futura ama de cría; tampoco le alertan sus ojos pequeños y crueles. (Es sabido que el mal existe y con frecuencia anida en las personas; dejo que el lector descubra este pormenor por sí mismo.) Al borde de la muerte, la protagonista tiene la suerte de ser rescatada de esta ama. Se quedará huérfana de padre y deambulará de casa en casa; un muchacho que con timidez la ronda, su primer y gran amor, morirá prematuramente. E, incluso, en una de estas casas de acogida, la del Hierbas, abuelo político y naturista para más señas, en la que recibe un verdadero afecto, sufrirá un fiasco. El Hierbas solo tenía un vicio: era un jugador empedernido, y las cuatro herencias típicas de la época que le dejaron sus padres, el susodicho las pierde en el juego:

 

Un arca con un ajuar completo bordado que era el de mi madre; una pequeña finca en Los Molinos, situada en un buen lugar; la tercera parte de una gran casa familiar, y un cofrecito con joyas de la familia.

 

¡Vaya con el Hierbas! La ironía no falta en la escritura de Amparo González, muchas veces soterrada, pero otras tantas explícita. La protagonista, de la que se hurta el nombre, al paso de los años, muy entrada en la madurez, se casa con un hombre que la ama. No es su primer amor, por lo que duda en tomar tal decisión, pero bastante áspera había sido su vida para renunciar a la felicidad que le rondaba. El relato, sin embargo, no acaba aquí, porque todavía queda algo por resolver: el misterio de su ama de cría. El azar o los remordimientos llevan a una “austera vieja” a desvelar dicho misterio. La protagonista necesita comprender las raíces del mal, tal vez disculpar. Tras el encuentro con la vieja, confiesa:

 

Muchas preguntas surgieron de regreso a casa. Pero decidí meterlas en el baúl de las “extrañezas de la vida” para conseguir olvidar a una madre desgraciadamente inolvidable.

 

Y ahí termina el relato, sin colorín colorado, con un final abierto para que el lector pueda imaginarlo.

 


Con una prosa clara, pero intuitiva; con un análisis pormenorizado, pero liviano en la lectura, Amparo González pasa revista a una serie de heroínas que se podrían elevar a la categoría de arquetipo. Son mujeres luchadoras que se rebelan ante su condición generalmente de pobreza, y no solo pecunaria. Este es el caso de la cigarrera, de la cual curiosamente, al igual que la protagonista del primer relato, tampoco se nos dice el nombre (¿qué pretende la autora con tal ardid?). A los dieciséis años huye de su casa para no volver más. Está  harta del maltrato que su padre da a su madre, y en la capital del Reino, con tan humilde empleo como el de cigarrera logrará salir adelante e, incluso, enviar dinero a su familia. Pronto observa que un muchacho la ronda y conocerá el amor. Sin embargo, el mal golpea, y golpea siempre de forma necia y absurda,  por lo que tales presagios de dicha se truncaran por no ceder a los deseos de un cliente; para colmo descubrirá que su príncipe azul era un príncipe envenenado, pues comienza a repetir los malos hábitos de su padre… No obstante, a pesar de estos descalabros, la vida sigue y tal vez le sonría en un futuro no demasiado lejano.

Hay una bondad natural en estas mujeres, inocencia en el más genuino sentido del término, que difícilmente se pervierte aun con los reveses sufridos. Cándida, la lavandera, al intimar con Viana, la mujer que le da trabajo, descubre que puede haber otro tipo de amor diferente al que ella y su marido se profesan. ¿Cómo es posible que después de cincuenta años de matrimonio un esposo ejemplar deje a su mujer por una sirvienta? Podría ser por el tedio que suman los años sobre los años. En cualquier caso, ¿se podría otorgar el perdón a esta infidelidad? Dejo de lado estas preguntas y vengo a considerar el caso de la azacana o aguadora, Catalina, quien, con un padre desaparecido en la guerra y pronto huérfana de madre, pasa a la tutela de la abuela con su hermano Gabriel. Los dos hermanos tendrán que ganarse la vida de aguadores, duro trabajo mal pagado que les lleva a recorrer infinitas leguas al día por caminos llenos de peligros para vivir con un poco de dignidad. Fue una suerte que Catalina no hubiera heredado el labio leporino que caracterizaba a las mujeres de la familia, por lo que Juan de Dios, el hijo de un hacendado bien situado, fascinado por su belleza, pronto se enamora. Casa Catalina con Juan de Dios y Gabriel se va a vivir con ellos, pero el mal, soterrado, oculto, está ahí: Juan de Dios guarda un secreto, tal vez demasiado pesado para sus hombros.

Y, bueno, dejo de contar mis impresiones sobre Oficios desaparecidos porque el lector tiene derecho a descubrirlas por sí mismo; pero sí diré que una vieja silla de enea nos rebelará los secretos inconfesables de un pederasta y que Amparo González homenajea a Hemingway en un relato cargado de lirismo y ternura, y que se adentra en el alma turbulenta de un capador de animales y, por último, que denuncia la fatalidad de la guerra, el daño irreparable que produce en las familias que no tienen el suficiente dinero para evitar que sus hijos sorteen.

 

                                                                                                        Todos los derechos reservados.

Jesús Cánovas Martínez©

                                               Filósofo y poeta.

                                              

                                               Ad astra per aspera.

sábado, 15 de octubre de 2022

PRESENTACIÓN DE "EL BABOSO" POR FRANCISCA MARTÍNEZ MERINOS

 

FRANCISCA MARTÍNEZ MERINOS. Presentación del libro: El Baboso, 30 septiembre 2022

 


Buenas tardes:

Recibir de nuevo aquí, en Fuente Álamo, a Jesús Cánovas, es una continuación de amistad. Es recibir al amigo de esta villa, que viene a presentarnos su nueva obra, con el mismo cariño que lo hace siempre y con el mismo cariño con que lo recibimos.

Esta es su segunda novela, muy distinta de la anterior (El Quinto Camino de temática amorosa) y muy original como Jesús acostumbra. Hablaremos de ella, que es nuestro cometido, dentro de unos momentos.

Jesús Cánovas Martínez es licenciado en Filosofía y Catedrático de dicha materia, actualmente jubilado. Natural de Hellín, donde nació, y murciano, pues es en Murcia donde ha residido la mayor parte de su vida. Tiene, con este, quince libros publicados, nueve de poesía y seis de narrativa.

Tuve el honor de presentar alguno de ellos y tengo el orgullo de ser su amiga desde tiempos remotos, desde los encuentros con el grupo poético Espartaria, en Lorca, y desde los primeros Rincones de Poesía de Las Palas, así como de los Febreros Poéticos, aquí en Fuente Álamo, y en otros rincones de la geografía murciana, compartiendo tiempo y versos con tantos buenos poetas y amigos.

Su penúltimo libro Aires del Sur (relatos), del que hasta el momento se han publicado tres tandas, constituido por una serie de relatos a cual más sabroso de leer, fue una novedad dentro del mundo de la literatura. Y cierto es que la frescura y gracia de estos relatos, que ya nos hicieron reír entonces por el tratamiento irónico de la realidad, adelantan en algo esta novela, El Baboso, pues en ella se mantendrá el tono irónico y aparecerán personajes conocidos por los lectores de Jesús Cánovas, como Gruli Mochuelar o Miguel Cagarrutio.

EL Baboso es una satírica e inteligente novela donde se airean las aventuras provincianas en el submundo literario de los diversos personajes que la componen. Nuestro autor los maneja y zarandea a su antojo, con una enorme  capacidad imaginativa, obvia y altamente demostrada, cambiando el tercio según proceda o estime conveniente. El resultado es la risa a calzón quitado.

En temática, El Baboso nada tienen que ver con los escritos de su autor de hace unos años,  poemas distribuidos en nueve libros, con el que hoy nos ocupa.

        Estos eran algunos de los versos con los que Jesús Cánovas ganaba el Premio  de poesía Aurelio Guirao del año 2015:

 

Otra vez la luz, palomas:

 

Como esos niños juegan en la plaza,

recuerda que jugaste en otra plaza

con traje de domingo, detrás de las palomas.

Bajo los ficus altos horadados,

la luz se debatía

precipitada y alegre entre zureos.

 

Y en este mismo año, febrero 2022, gana el Premio José María Cano, con la obra MEMENTO, que comienza de esta manera:

 

1

En el recuerdo vivo.

Pasado sin futuro ya soy, aunque no soy.

En la luz trascendida del instante,

del tiempo que sucede mas no pasa.

por el amor transido, mi alma mezo.

 

2

El sueño me desviste con anhelos

de deriva y serena la luz baila.

Mis ojos inundados

entre las rosas dejo que se posen.

 

        Parece que en Jesús Cánovas cohabitan dos seres antagónicos, pues al elitismo casi críptico de su poesía opone la llaneza e ironía de su prosa, que en El Baboso quedan resaltadas en cada página, tantas veces en diálogos chispeantes. Traigo al caso un cruce de palabras entre el protagonista de la novela, Clemente Domínguez, y un esperpento de los que pululan por los bajos fondos de la literatura, Tapón Matujillo. Están en una cafetería, la Tiffanys, preparando el discurso que al día siguiente Clemente debe exponer con motivo del nombramiento de Tapón como Hijo Predilecto de Los Barros. Tapón, empedernido alcohólico, en un momento dado suelta un espeluznante grito, y Clemente le recrimina:

 

—¿No habíamos quedado en que no gritarías? —intervino Clemente, un tanto molesto.

—¡Yo no he quedado en nada! ¡Soy libre y grito lo que me sale de la punta del nabo! Se me ha acabado el carajillo y necesito otro. ¿Cómo tengo que pedirlo, cojones?

—Tapón…, Tapón…, ya te lo he dicho antes, este es un lugar decente… —susurró Clemente.

—¡Qué decencia ni qué capullos! ¡Estoy seco y tú tienes la culpa por hacerme hablar tanto! Iiiiiiiaaaaoooooiiiihhhhh… Iiiiiiiaaaaoooooiiiihhhhh…

 

Perdón, antes de proponer esta cita, debería haber advertido acerca de la Nota  especificada al principio de la novela a modo de advertencia:

 

Todo es ficción en la novela El Baboso, situaciones y personajes, pero ficción que, por su carga de esperpento y patetismo, pugna por salirse de las páginas y abrazar la realidad. El abuso en la ironía corre parejo al de lo políticamente incorrecto desde su inicio hasta su final. El autor pretende hacerle pasar un rato distendido al lector y, si fuera posible, más que la sonrisa, arrancarle la carcajada.

 

Pero somos adultos, como adultos vivimos y conversamos los unos con los otros y, al igual que de cualquier cuestión de este nuestro padecido mundo hacemos burla y critica, al igual se tratan aquí temas de toda índole, desde la envidia, la vanidad, la cobardía, hasta el maltrato de género o la homosexualidad, todo referido con la hipérbole máxima, o sea, con la máxima exageración  humorística.  Y así han coincidido los numerosos artículos y reseñas que ha suscitado este libro.

En diarios como La Opinión el insigne  Francisco Javier Diez de Revenga dice: Lo que ofrece ahora el autor en El Baboso es  un satírico e inteligente relato de las triquiñuelas y aventuras del submundo literario generado en la vida provinciana.

            En La Verdad,  Alberto Toribio refiere: realiza un tratamiento irónico y con mucho humor sobre la trama  de  envidias, celos y navajeo que hay entre esos poetas que no salen de un fondo. Algo en donde el suplemento  Ababol, también del diario La Verdad insiste Antonio Ortega, comparándolo con lo mejor de Berlanga o Valle Inclán.

            Exageración, ironía, un osado vocabulario en el tratamiento de los temas y una cruda ficción/realidad que muestra el mundo de la subliteratura de la Región de Murcia (o de cualquier otro territorio comanche, como decía el novelista), con premios poéticos concedidos por Asociaciones de Amas de Casa, sean de La Arboleja Perdida o del barrio de Quitapellejos, y publicados en revistas cosidas con grapas como “Florilegios de la Arboleja Perdida”. A veces el mayor logro de estos autores del submundo literario consiste en entrar en alguna asociación literaria como Renania, perteneciendo así a grupos tan infumables como el de los renanos. Para saber más, leed.

Siguiendo con los artículos y reseñas que este libro ha cosechado, también Encarna Talavera desde la 7 tv de Murcia recomienda su lectura en voz de nuestra querida y conocida Mariángeles Ibernón. La entrevista de Radio Pinatar, a cargo de María José Navarro Villaescusa se hace eco del libro y lo elogia al mismo tiempo que lo recomienda.

 Francisco Javier Illán Vivas, en su blog Acantilados de papel expone: pululan raros personajes, tan extraños, que cualquier parecido con la realidad podría parecer que es real.

Dice Fulgencio Martínez en su artículo sobre este libro:

“El humor, a menudo burlón e inocente, rabelesiano, otras ácido y moralmente censor como el de Quevedo  y siempre festivo y chispeante, está perfectamente encajado en una sátira de la subliteratura y en especial de la caterva de los poetas.

“Para un satírico como Francisco de Quevedo, el autor de Los Sueños, los poetas daban mucho juego como objeto de sátira, tanto por sí mismos como seres humanos desventurados, como por su parentesco, sino semejanza más que formal con los locos. Platón relacionó las distintas especies o formas de locura o manía y en todas ellas el poeta proporcionaba un cabal ejemplo”.

Y de tal temática va El Baboso de nuestro amigo Jesús Cánovas, del mundo de la subliteratura o de los bajos fondos de la literatura. El protagonista Clemente Domínguez, profesor de Química y poeta, convive y trata con una serie de personajes, afanados todos en llegar a la gloria literaria, convertida en Premio máximo; y, mientras esta llega, en publicar en revistas cutres del mundillo, sean Los pasteles oscuros de Renania. Se describen capos (o capillos), mafiosos y esperpénticos personajes, que con sus ridículas hazañas quieren alcanzar la gloria. Individuos  como Tapón Matujillo. Trepario Retrepa. Agónico Duermevelas, Virtuoso Maltedén, Miguel Cagarrutio, Canuto Iscariote, Cándido Alegrías, Margarita Follasnovas conseguirán arrancar la risa al lector, llevados siempre al extremo, a la máxima hipérbole humorística.

“A los poetas habría que rebanarles los huevos”, dice La Ziuka, trabajadora de la cafetería o “puticlub” Tiffanys

Amigos, en palabras del autor “ya hay suficiente tristeza en el mundo como para añadir más”. Por eso, para conjurar la tristeza, recomiendo leer El Baboso, que a ratos escandaliza, a ratos violenta, a veces asusta y siempre hará pensar y sentir. La ironía es el humor de los inteligentes; creámoslo así y riámonos de nosotros mismos, de lo relativo que circunda nuestra vida y de cómo vivimos engañados intentando alcanzar unas metas que no son sino efímeras y tal vez quimeras.

A reír, pues, que son dos días.

Gracias, Jesús, por haber venido a darnos a conocer tu nuevo libro, este Baboso, con el que deseamos que los lectores disfruten y tú sigas cosechando el éxito merecido por tu trabajo. Deleitémonos ya, sin otros comentarios, con su lectura…












Texto de Francisca Martínez Merinos.
Ad astra  per aspera.


domingo, 18 de septiembre de 2022

EL BABOSO. COMENTARIO DE FULGENCIO MARTÍNEZ

 sábado, 11 de junio de 2022
UNA NOVELA DE HUMOR ("EL BABOSO"). Comentario de Fulgencio Martínez a una novela de Jesús Cánovas/ Revista Ágora digital /Bibliotheca Grammatica/Junio 2022/ Avance de Ágora N. 12
 


 
 
UNA NOVELA DE HUMOR (“El Baboso”)
 
Da gusto abrir un libro y empezar a disfrutar con su lectura desde el primer momento. Así le ha ocurrido a este lector con El Baboso, la última novela de Jesús Cánovas Martínez, publicada en la editorial almeriense Círculo Rojo.
El Baboso es una novela de humor, sin complejo en presentarse dentro de este género narrativo tan inusual hoy en día; esto es ya un dato significativo y revelador de la independencia respecto a las modas y de la autonomía literaria de que hace gala este autor, nacido en Hellín, Albacete (1956) pero que podría haber nacido en Galicia, como Wenceslao Fernández Flores o como Alvaro Cunqueiro, por recordar a dos insignes antecedentes de este prosista de raza, dotado de nervio y gracia que es Jesús Cánovas, quien ya hizo disfrutar a sus lectores con su maestría de juglar narrador en los cuentos que componen la serie de Aires del Sur.
Jesús Cánovas ha escrito un relato donde tienen curso legal, natural, la ironía, la exageración humorística, lo alegórico y el plano más realista, junto con la elocuencia culta, el distanciamiento, lo metaliterario y, a su modo oblicuo, irónico, la autoficción, hoy tan de moda, o sea, lo que casi todos los novelistas han hecho toda la vida: novelar su mundo propio, con un grado más o un grado menos de distancia y creación metafórica. El autor en este libro ha apostado por el humor para no recaer en la pedantería de la novela poética de uno mismo.
El humor a menudo burlón e inocente, rabelesiano, otras ácido y moralmente censor como el de Quevedo, y siempre festivo y chispeante, están perfectamente encajados en una sátira de la subliteratura, y en especial, de la caterva de los poetas.
Para un satírico como el citado Francisco de Quevedo, el autor de Los sueños, los poetas daban mucho juego como objeto de sátira, tanto por sí mismos, como seres humanos desventurados, como por su parentesco si no semejanza más que formal con los locos. Platón y cierta tradición neoplatónica, recogida en el Renacimiento por Marsilio Ficino, relacionó las distintas especies o formas de locura, o manía: en todas, el poeta proporciona un cabal ejemplo.
Es verdad que se puede entender la sátira a los poetas que desarrolla el relato de Jesús Cánovas (él mismo, un excelente poeta, autor de poemarios como Convocada soledad, entre otros títulos poéticos) como en el fondo la sátira de los pedantes; la pedantería andante en literatura está muy extendida -y aquí, se incluirían también a los críticos o simples reseñadores como servidor- pero, tanto o más se cierne el infierno pedante en la política, en la ciencia, en el ecologismo, en los toros, en el fútbol, en la curia, en la Universidad, y paro por no aburrir… Se me olvidaban “las redes”: ahí pupula más la pedantesca condenada grey). Quién no se cree dueño de razones o conocimientos que han de revelarse al público vengan o no a cuento y sin que nadie lo demande (en el doble sentido de este verbo). Porque el pedante no necesita discípulos ni tampoco se siente responsable de lo que comunica. El poeta puede matar a uno o a lo sumo a unos pocos oyentes, con un pliego de malos versos; pero el político, la cantante de moda, la influencer, el periodista de grandes audiencias matan a muchos. El Papa de Roma y Putin el Nerón de Rusia, también. Metafóricamente, se entiende; salvo en el último caso.
Vivimos épocas donde la retórica ya no sigue a la filosofía, tampoco a la ciencia, ni siquiera a la economía. Se habla por hablar, para tener “likes”, para hacer, no discípulos, sino bancos de zombis.
¿Entonces, me pregunto, porqué centrar la carga de la sátira en el poeta, como hace este relato? Pienso que por un segundo tema, del cual la sátira es metáfora, y que también a su modo se encuentra en el poeta, o, para ser más exactos, da con el poeta como figura paradigmática y por ende más propicia al estilete satírico que, como suele, exagera y focaliza aquello que de partida ya es risible para un “sentido común”. Ocurría ya en la comedia de Aristófanes, con el personaje Sócrates (en aquella sociedad ateniense eran objeto de burla los filósofos y buscadores de la verdad). Los poetas, estos otros buscadores, pero de la belleza, incurren muy a menudo en la ficción, o peor aún, en el autoengaño (en su pesquisa ideal se les nubla a menudo el juicio; pero, incluso, cuerdos son vanidosos como niños o como catedráticos, que diría Baroja).
Una caricatura del filósofo es, a su manera, el pedante omnipresente de hoy, al que nos hemos referido arriba. Una caricatura del poeta la proporciona el propio poeta, o subpoeta, como diría el autor de este libro que comentamos. El subpoeta, verdadero objeto de la sátira, es aquel que a los rasgos fantásticos (por decirlo en positivo) del poeta añade la mala calidad moral; o sea, el ser un mal tipo. Y aquí encallamos, finalmente, en el trasfondo de la sátira. Sátira sin moraleja, es verdad. La fábula del libro nos presenta el mundo risible, ridículo, del brujuleo pululante del mal, la mezquindad y la falta de empatía que vienen a esconderse entre las flores bellas de los poetas, pues de siempre al mal le ha gustado pervertir a los ángeles o sublevar a estos, para mejor camuflarse.
El personaje central del libro, Clemente Domínguez, poeta y profesor de Química, es una especie de Fausto continuamente tentado a pasar al bando oscuro para alcanzar la gloria poética. Dos “fuerzas”, aliadas, sin embargo, le ayudan a mantenerse en su humanidad y rectitud. La de su esposa, Tecla, quien primero le apoda con el adjetivo "baboso" (del título del libro), por estar siempre a la sombra del juicio de la secta subliteraria (una de las escenas más hilarantes, se da en los primeros capítulos donde juega la antítesis de ambos caracteres en un diálogo sapiencial, matrimonial, precioso y muy divertido, a lo Conde Lucanor, donde aquí el consejero es Tecla). Y el otro aliado es el narrador, un auténtico canalla delicioso, que emplea un lenguaje desinhibido y, cuando se requiere, culto, incluso erudito y latinoparlante.
Uno de los máximos hallazgos en una novela es la sorpresa -cuando no es fácilmente traída-. Es así que en este relato una de las sorpresas con la que hemos topado sea este rasgo cómico cervantino de que los personajes, sobre todo, los personajes secundarios -que dan mejor esta nota por contraste con su importancia en la acción- se saben dentro de la locura del personaje central (creerse perseguido y a la vez rechazado por la mafia subliteraria); por lo que esos personajes secundarios (una chica de un taller literario, Margarita Follasnovas, o la presidenta de una Asociación de Mujeres convocantes de un premio literario ganado por Clemente) comentan con su mismo lenguaje las obsesiones de este. La suspensión de la verosimilitud que impone la premisa de que todos los personajes participan de un mismo mundo ficcional y reaccionan a los mismos valores y contravalores, es muy sugestiva literariamente (cinematográficamente, la maneja como nadie otro gran humorista, Woody Allen).
Finalmente, el relato, por el canalla de la voz narradora, tiende humorísticamente al género de relato de santos, de hechos de santidad y superación de la acción del demonio. El protagonista se reconoce ante el espejo, reconociéndose a sí mismo, con sus virtudes y defectos, más allá (o tal vez nunca llegue ese más allá) de las burlas y las veras.
 
Texto original


Fulgencio Martínez, filósofo y poeta.

LA CONEXIÓN ITALIANA

 La CONEXIÓN ITALIANA

JUAN FRANCISCO DÍAZ NAVARRO

MALBEC

 


Una preciosa localidad del sudeste en el litoral murciano, marco para la trama: Águilas. Un asesinato a resolver, la muerte del dueño de una pizzería con claros signos de haber sido torturado. El pasado turbio de unos italianos arribados a la ciudad, gentes que quizá escondan algún tipo de secreto que no quieran hacer público y, por supuesto, no sean quienes dicen que son. Unos personajes inquietantes recién aparecidos por la localidad y, Sergio y sus compañeros, los policías locales de Águilas, que velan por la convivencia codo con codo con la Guardia Civil.

Quien escribe La conexión italiana, Juan Francisco Díaz Navarro, conoce de primera mano los entresijos policiales, el mundo del crimen y las investigaciones llevadas a cabo para esclarecer los delitos, no en balde lleva veinte años en el Cuerpo de Policía, y tal eventualidad se nota a la hora de dotar de verosimilitud al thriller policíaco que nos presenta en la novela. Desde el inicio envolverá al lector una atmósfera de misterio a la vez que cotidiana: cotidiana, porque la acción se desarrolla en el micromundo de la ciudad de Águilas, donde los personajes que integran la novela son conocidos y mantienen unas firmes relaciones familiares y de amistad con sus conciudadanos; de misterio, porque algo foráneo irrumpe, de forma tan repentina como salvaje, en la plácida convivencia de estas personas, hasta el punto de que, tras el asesinato de Federico Gentile el pizzero (o, mejor, cabría decir de Francesco Martelli),  se desvela el pasado inquietante de unos personajes sobre los que, en principio, no cabría ningún tipo de sospecha.



La Policía comienza sus indagaciones y paulatinamente irá descubriendo el doble rostro de unas personas que se supone participaron en el gran robo de uno de los bancos importantes de Italia en la ciudad de Livorno. No solo se llevaron un montón de billetes, sino que sustrajeron algo más: unos papeles que podrían comprometer seriamente a varias familias de la mafia. Por su seguridad, la Cosa Nostra necesita dichos papeles; arrasará con vidas y lo que haga falta para conseguirlos y, por descontado, no estará dispuesta a perdonar, incluso con el paso de los años, a quienes se los llevaron.

La novela pivota entorno a Sergio Navarro, el policía local que tuvo una infancia, por así decirlo, entre dos mundos: el mundo del orden y el de la delincuencia. En este sentido resaltaré la importancia de un personaje secundario muy interesante que vela por la seguridad del policía. Me refiero a Trinidad, la guapísima gitana que asume el liderazgo de la mafia aguileña y, por ende, levantina, tras la detención del Lucio, un traficante de droga. Trinidad fue el primer amor de Sergio, pero ya se sabe, el primer amor nunca desaparece… quien es capaz de ordenar la ejecución de un hombre, también es capaz de velar por su hombre. Lo curioso es que Sergio seguirá enamorado de ella como al principio, lo que vivamente contrasta con su amor por Raquel, ahora concejala del Ayuntamiento de Águilas, quien, a pesar de haber dejado la relación, aún le hace cosquillas en el pecho. Otro personaje interesante es Toño Morales, más que compañero, amigo de Sergio, quien sin dudarlo pondrá en juego su carrera y hasta su vida por cubrirle las espaldas. Toño (entre otras razones porque es mayorcito) ha corrido unos cuantos kilómetros; tras la separación de su mujer anda algo despendolado, pero guarda en sus adentros la fascinación por su amor platónico, Sonia Ricci, la despampanante rubia platino (antigua actriz, ahora escritora afincada en Águilas), por cuyo amor, tenerla cerca, admirarla, llegó a participar como extra en algún spaghetti western.

Juan Francisco Díaz irá tensando la acción de La conexión italiana (y, consiguientemente, la emoción suscitada en el lector) hasta el punto de que esta se acelerará conforme transcurran las páginas, llegando a un clímax en los capítulos finales. Diálogos fulminantes, interrogatorios precisos, tensiones que involucran a los mismos integrantes del Cuerpo, y acción, mucha acción, asaltarán al lector como cambios de plano o vueltas de tuerca que volverán más atractiva su lectura.



La conexión italiana no es la primera novela de Juan Francisco Díaz, pues con anterioridad ha publicado La muerte visita Águilas en la misma editorial, Malbec. Le deseo un futuro plagado de éxitos literarios a este joven autor, pues al conocimiento de los temas que trata, suma una habilidad literaria especial, una prosa rápida y eléctrica que enseguida cautiva al lector.

 

                        Todos los derechos reservados

                        Jesús Cánovas Martínez

                        Ad astra per aspera.

miércoles, 14 de septiembre de 2022

CONFESIONES DE UN BEST SELLER Y OTROS RELATOS OSESIVOS...

 

CONFESIONES DE UN BEST SELLER Y OTROS RELATOS OBSESIVOS…

J. LOVEDARK

EDICIÓN DE AUTOR

 


¿Qué debe hacer un escritor para saltar a la fama? Para el protagonista de Confesiones de un best seller, indudablemente, quitar de en medio los obstáculos que lo impiden, y, si estos obstáculos son malandrines que se han cruzado en su camino con la clara finalidad de entorpecer tal fin, no quedará otra opción que asesinarlos. Y así lo resuelve, en la soledad de su cubículo, este escritor atormentado, atacado por las pesadillas pero con una visión clara de lo que debe hacer. Planeará y llevará a cabo de forma inmisericorde la eliminación de cuatro individuos molestos, eso de momento.

El protagonista se convierte en un asesino en serie y con toda la intención del mundo, con saña y sed de venganza, pidiendo la justicia que se le ha hurtado, actuará llevando a cabo estas muertes minuciosamente proyectadas. La pena es que la realidad no sigue a la idealidad, y lo que fue concebido casi como una obra de arte se convierte en algo tosco, bufo y burdo. Muere un quiosquero en un extraño incendio, a patadas pasa a mejor vida un fotógrafo que pretendía lucirse ante una fan desconocida, el plomo de un revólver derrumba a un animador cultural en mitad de una Feria del Libro (de paso, por estar donde quizá no deben, quedan masacrados unos cuantos culturetas) y, por último, un palazo bien dirigido a la sien lleva a caer de bruces a un escritor guaperas y algo chulo.

Eliminados estos obstáculos, y no sin experimentar la ley de Acción y Reacción, esto es, un molesto karma que casi le lleva a fenecer entre los cañaverales del río, a los que en mala caída se precipita, con algún hueso roto y una oreja medio comida por las ratas, el escritor asesino que ansía la fama encuentra definitivamente la paz. No, no es que muera, pues al cabo lo vemos vivo y coleando y, animado por cierto regocijo interior, con ganas de escribir. Con ganas de escribir su propio relato, en primera persona para no faltar a la verdad y darle más morbo al asunto. Alcanzará el reconocimiento literario de esta singular forma.

Las confesiones de un best seller son un despropósito de principio a final, hasta el punto de que provocarán fácilmente la hilaridad en quien se acerque a ellas. Fluyen con una prosa rápida que no se detiene en divagaciones distractivas, así redunda en páginas de una gran intensidad, que el lector podrá disfrutar, ya que la velocidad  de la narración le impelerá a ello, de una tacada. El relato está ambientado en la ciudad de Murcia y sus aledaños, lo que situará a los asesinatos en circunstancia conocida, y mucho me temo, demasiado conocida, ya que parece a todas luces que los personajes asesinados tienen un correlato con la realidad. No sé, eso habría que preguntárselo a Javier L. García Moreno (autor que se esconde bajo el alias de J. Lovedark), porque yo me dedico a plasmar simplemente mis impresiones y no soy nadie para desvelar ciertos secretos. Sin embargo, y en otro orden de cosas, lo que no ofrece duda es que Javier L. García Moreno hace un guiño a los escritores del submundo literario y les muestra el camino a seguir si quieren ser famosos y ganar dinero.



Los otros tres relatos que siguen a las Confesiones son igualmente obsesivos y del mismo estilo literario (¿Por qué no me contestas?, Fin de la partida, Con paciencia y buena letra). El autor enfrenta en ellos las relaciones alarmantes que mantienen personajes paranoides con el sexo contrario. Sorprenderán, seguro, porque, a la vez que despiertan la risa tonta, hielan la sangre.

En los personajes que transitan por estos cuentos veo la sombra de Poe y, a mi entender, la de Dostoievski (el autor me comenta que no lo ha leído). Son gente desarraigada, solitaria y narcisista; el cóctel necesario para que en ellos se alumbre la figura del psicópata. Personajes que, de algún modo, conocen la diferencia entre el bien y el mal, pero, aun así, hacen el mal a sabiendas y, conscientes de su degradación, la disfrutan como una dulce tortura.



Curioso que no se especifique el nombre de los protagonistas de ninguno de los relatos, como si con este hecho el autor intentará manifestar, al igual que con el seudónimo elegido, que son proyecciones de sí mismo, sombras de su yo, que realizan lo que en pesadillas nocturnas, y altamente tormentosas, ha ideado en su caletre. Pero seguro que no es así, y si Javi está algo pillao, también es verdad que son muchos los que andan pillaos en el submundillo literario, razón por la cual cualquier amenaza que se pudiera imaginar que proviniera de él queda desactivada. En descarga de Javi diré que es buena gente, de trato cordial, con un buen sentido de la ironía y, por supuesto, alguien que prefiere matar en el papel antes que en la realidad. Aun así, sospecho, no sé por qué, que en un futuro próximo debido a alguna mano negra desconocida se producirán nuevos asesinatos. Si esto ocurriera, recomiendo que al autor de Confesiones de un best seller y otros relatos obsesivos… no se le chiste por encima del hombro, se le trate bien y con la debida deferencia. Nunca se sabe.

                                              

Jesús Cánovas Martínez©

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                               Ad astra per aspera.