ALMENDRICOS - GUADIX
¡UNIDOS POR FERROCARRIL!
AVISO
IMPORTANTE: El texto que sigue a continuación lo escribí de una tacada en el
otoño de 1989, y con él pretendía dar cuenta de la marcha realizada a través de
la vía férrea que comunicaba las localidades de Almendricos con Guadix,
clausurada hacía poco por una nefasta decisión política. A los que realizamos
tal marcha nos movía, ciertamente, la protesta explícita por el cierre de la
línea y la consecuente reivindicación de su apertura. Dicho lo cual, al
escribirlo, no pude dejar de darle un sesgo subjetivo y poner de relieve
sentimientos que me transportaban a mi infancia. Manifestando que, sin faltar a
la verdad de los hechos, lo he retocado infiriéndole pequeñas modificaciones
para darlo a los caminos ubicuos de Internet, me hago responsable de las
opiniones que en él se vierten. Sin embargo, y a lo que vengo, no puedo asumir
responsabilidad alguna acerca de las diversas instrumentalizaciones del mismo
que, ajenas a mi voluntad, se hayan hecho o se pudieran hacer en aras de ideologías
que escapan —y escapaban— al momento y a las motivaciones iniciales por las que
fue escrito, las que ni acepto ni comparto.
De
Zurgena a Serón el ferrocarril corre paralelo al río Almanzora que, casi
horizontalmente, con una ligera inclinación de norte a sureste, cruza la
provincia de Almería hasta su desembocadura en Villaricos. Su cuenca es alegre,
poblada de naranjos y limoneros, y supone de hecho un alargado oasis en
contraste violento con los márgenes de los desiertos exteriores.
Pronto,
a nuestra izquierda, surge la sierra de los Filabres, anunciándonos con sus
dentelladas de perfiles y aristas la comarca del mármol.
Rebasamos
la estación de Arboleas, una miniatura edificada con sillares de piedra que
contrasta con la factura de ladrillo del resto de las estaciones de la línea.
Llegamos a la estación de Albox, sita en el pueblo de Almanzora, la habita un
ferroviario jubilado que la tiene adornada con numerosas plantas florales de la
zona: geranios, romeros, alhucemas, siemprevivas, petunias, begonias, uñas de
gato... Esta estación es un oasis dentro de un oasis y contrasta favorablemente
con la desolación que hemos apreciado en las estaciones anteriores.
Uno de los trechos más
bonitos del recorrido es el que va de la estación de Albox a la de Cantoria.
Corre el Almanzora, o lo poco que queda de él, a nuestra vera, y algo comienza a cambiar en el paisaje. La
comarca del mármol se anuncia con empinadas faldas de montañas a nuestra
izquierda, donde señorea La Tetica,
la cumbre más alta de Los Filabres, de 2.080 metros de altitud; bajo su falda
blanquea la pequeña población de Bacares, a una altitud de 1.200 metros.
Llegamos, casi cayendo el
sol, a la estación de Cantoria —cuya etimología remite a “cantera”—, y a modo
de saludo encontramos en fila unos bloques de mármol inmensos. Decidimos hacer
noche allí y buscamos alojamiento en el Casino de España, situado en la Plaza
de la localidad. Las mesas, las sillas, la barra de mármol, su decoración y
mobiliario en general nos recuerdan películas de época, aquellas de los años 40
y 50, muy folklóricas y con bastante tipismo.
Nuestras reflexiones se
disparan: Tan sólo la posibilidad de transporte de mármol hubiera hecho
rentable la línea. Sus principales canteras se encuentran en Líjar, Cóbdar,
Chercos y Macael, sin olvidar la misma Cantoria. Esta riqueza natural ha
llevado la prosperidad a la zona. No está de más, por tanto, recordar que
después del de Carrara, el mármol extraído de estas canteras es el segundo en
calidad de todo el mundo.
Una racionalización del
transporte de mercancías —especialmente el mármol—, a la par que un
aprovechamiento de las posibilidades turísticas de la zona —nada explotadas ni
consideradas—, hubiera bastado para el mantenimiento sin mayores problemas o
costo de este cordón de comunicaciones. Se piensa poco en el futuro cuando se
toman ciertas decisiones; sólo se atiende para tomarlas a un número frío, que
es engañoso; pero el otro número, el de los habitantes de la zona, se olvida
con facilidad. Pero los lugareños están con nosotros; su protesta es unánime y
piden que se haga algo al respecto. Tan sólo necesitaban esto, la marcha de
tres locos por la antigua línea férrea, para que sirviera de catalizador de la indignación
y la protesta.
A la mañana siguiente,
temprano, en pie y a las vías. Cuando llegamos a la estación de Fines-Olula
desplegamos la pancarta. La desolación, una vez más, es absoluta. Hay unos
individuos trajinando en el andén; parece que están reparando algo, se les ve
muy afanados... No reparan nada; nos fijamos en ellos: Lo que hacen es
desmantelar, tratan de desencajar el gran reloj de esfera de la estación, quizá intentan robarlo...
Quizá sí, quizá no. Uno de ellos con cara de animal, nos increpa:
—¿A dónde vais?
Iiiiaaaahhh... Iiiiaaaahhh...
—¡A Guadix! —respondemos
unánimes.
—¡Seguid, seguid p’alante! ¡Tó recto! Iiiiaaaahhh... Iiiiaaaahhh...
Sobre las tres de la
tarde nos dejamos caer en Purchena. Nos recomiendan el bar Cano para tomar algo
y descansar un poco. A mitad de la comida se nos acerca el dueño del bar,
Antonio Cano, quien nos ha reconocido.
—¿Sois vosotros los que
estáis haciendo la marcha a pie?
—Sí
Pronto entablamos una
amigable conversación. Antonio Cano es uno de los indignados con el cierre de
la línea. Quedamos desagradablemente sorprendidos cuando nos habla de cierto
pacto entre los alcaldes de los municipios próximos al tendido férreo para
consentir en su cierre. Al parecer sólo el de Tíjola se opuso y, como premio,
ello le costó la dimisión. No se puede poner un par en donde hay tanta clueca.
Es lamentable, así lo pensamos, y consideramos el gesto de este hombre como
algo heroico.
Antonio Cano nos deja en
la estación de Tíjola para seguir viaje. Desde esta estación provenía el agua
que se suministraba a las estaciones de más abajo de la línea. Pedro nos
recuerda que aquí prestó servicio como factor durante algún tiempo, y dicho lo
cual, nuestra mirada viajera se pone en camino.
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Embarcadero de mineral de Los Canos. |
Cuando entramos en la
población de Serón, oscurecida la tarde, nos ponemos las camisas porque a esas
alturas de la marcha ya vamos medio en cueros por las vías. Nos conocen, y un
grupo de críos corretea delante de nosotros. Esa noche la hacemos en el Hostal
que se sitúa al lado de la estación.
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Traspuesto el sol, en la estación de Serón. |
(continuará...)
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